domingo, 20 de diciembre de 2009

Espinas sin rosas

Esperando sin conocerte comprendí que el tiempo pasa más de prisa de lo que uno imagina.
Hoy me di cuenta cuán lejos quedaron esas noches de madrugada y esas miradas cruzadas.
Hoy vi la realidad que mis ojos esquivaban cuando mi corazón palpitaba.
No había razón en el sinrazón.

Mi imaginación solía deambular en las más increíbles fantasías, pero en mi cuento de hadas yo nunca fui tu princesa.
Soñaba despierta un mundo en el que uno más uno era mucho más que dos.
Imaginaba un viaje eterno más allá de las fronteras de mi razón.
Al final, amanecí sola en la tarde de hoy y con una mueca en lugar de sonrisa.

¿A dónde van las palabras que no se dicen? ¿A dónde se esconden los besos que no se dan?

Un montón de pensamientos cruzaron por mi cabeza en el más tieso instante. Iban y venían galopando sin parar.
¿Y si el tiempo no es el que marcan los relojes sino el que uno decide transitar?
¿Y si fui yo la que sola jugó, sin ensuciarse, una mala pasada sin poder echarle la culpa al destino?

Sigo perdida en este laberinto de preguntas armando el rompecabezas de respuestas.
¿Y si pongo una pieza en el lugar incorrecto? ¿Y si lo hago en el momento incorrecto?

¿Y si el tiempo es un rompecabezas que ya armé mal?

Tiempo. A veces tanto, a veces tan poco.
Nunca es suficiente, nunca nos conforma.

Hoy la fiesta fue en la cocina, el baile sin orquesta y los ramos de rosas con espinas. ¿Cómo será mañana?


lunes, 14 de diciembre de 2009

Víctimas de su belleza y nobleza







Hace poco vi un documental llamado "The Cove" ("La Calera"), que muestra la cruenta matanza de delfines que se lleva a cabo en Japón, específicamente en Taiji. El protagonista del documental es Ric O'Barry, el sujeto que en un pasado lejano entrenó a los delfines que grabaron la serie televisiva "Flipper". El mismo que desde hace treinta años pelea contra esta cacería que, a su entender, contribuyó a generar, ya que el amor asesino e interés por los delfines surge a raíz de la gran ternura y simpatía que emana de Flipper (aunque suena raro introducir la palabra amor en esta historia). Cuesta creer la saña desplegada contra una de las criaturas más hermosas de la Tierra.

La triste realidad cuenta que todos los años, entre los meses de octubre y abril, pescadores de la aldea de Taiji cazan 20.000 delfines y otros pequeños cetáceos de forma cruel. Acorralando algunos en una ensenada de baja profundidad para atraparlos e hiriendo deliberadamente a otros para retener a los miembros de su familia, ya que los delfines no abandonan a los miembros de su familia que están sufriendo, sino que se quedan a su lado para intentar defenderlos. La escena de las aguas teñidas, literalmente, de rojo por la sangre de los cetáceos, que durante la captura resultan heridos mortalmente, es cada año una terrible realidad que los pescadores tratan de ocultar a la prensa y los observadores que se acercan al lugar. De hecho, en el documental muestran cómo varios japoneses arbitran de "espantacámaras" bajo el grito de "private area", manteniendo alejada a toda persona que intente registrar dicha matanza, ya sean periodistas o civiles. Otro capítulo en el que el lado más salvaje del hombre sale a la luz. Impartiendo miedo a las personas y terror a los animales demuestran el poder que les confiere el sucio dinero que proviene de dos negocios vilmente lucrativos: la producción cárnica y la caza de ejemplares vivos para cautiverio.

Para la producción cárnica los delfines son literalmente acarreados en camiones a mataderos cercanos donde mueren degollados y desangrados. Si ya se te están retorciendo las tripas, no te imaginás la sensación amarga que te deja el documental, donde no sólo ves las imágenes sino también escuchás los alaridos de dolor de estos animales hermosos. Mueren de dolor y sufriendo. Las lágrimas son incontenibles. Así, la carne, falsamente rotulada como "carne de ballena", satisface el consumo de la población japonesa e internacional, donde cada vez tiene mayor demanda, ya que desde 1986 hay una prohibición respecto de la caza de ballenas con fines comerciales. Los delfines no corrieron con tamaña suerte. Me pregunto por qué una persona tiene necesidad de probar la carne de estos seres. Carne que además está contaminada con mercurio afectando la salud de los consumidores. Este dato también se oculta. ¡Cuánta hipocresía!

Por su parte, la captura de ejemplares vivos (generalmente hembras jóvenes) para delfinarios y parques acuáticos (para sus programas de "nadar con delfines") las condena a vivir hasta el último de sus días confinadas en piscinas de "entrenamiento". ¿Imagina alguien la desesperación que se debe sentir al pasar una vida entera encerrada en un lugar minúsculo cuando el hábitat natural es, nada más y nada menos, el océano? Agregándole, además, que esa vida implica una rutina extenuante y desgastante que consiste en hacer los mismos trucos día tras día para que cada persona lo disfrute por un plazo máximo de 20 minutos. ¿No te parece injusto someter a una criatura (la que sea) a una "vida" así? ¿No te parece demasiado egoísta que por el placer que seguramente provoca "nadar con delfines" ellos estén condenados a un sufrimiento eterno? El gran pecado de los delfines es el parecer tener una sonrisa permanente.

La industria de los delfines en cautiverio nos muestra la imagen en que los dueños de estos centros se erigen como "salvadores" del destino de los delfines como plato principal. Eso no es verdad. Los delfines y otros pequeños cetáceos capturados para la cautividad representan un valor comercial mucho mayor para los pescadores japoneses que la venta de su carne para el consumo. Así como también genera la multibillonaria industria de los delfines para cautividad. Nadie está salvando a los delfines de la muerte. Por el contrario, están ayudando a mantener esta práctica cada vez que sacan provecho tanto los pescadores como la industria pesquera. Esto debe ser detenido.


Los pescadores de Taiji declaran que matan a los delfines porque éstos son una plaga que esquilman los recursos marinos y que, por lo tanto, necesitan neutralizar a esta competencia natural. Falso. Desde hace tiempo ya que los delfines no abundan. De hecho en lugares asiáticos donde antes habían miles, ya no hay ni siquiera uno. Ni UNO solo. Si los pescadores no tuvieran el permiso de las autoridades, tendrían que acabar con esta actividad. ¿Cómo consiguen el apoyo de las autoridades? Mediante el intercambio de favores con los países del tercer mundo que brindan su apoyo en la ONU a cambio de dinero, obras, etc. O sea, una vergüenza mundial.

Es necesario hacer saber a las autoridades japonesas que estos crímenes contra la naturaleza son inaceptables para el resto del mundo. Por ello se está organizando una gran protesta mundial para enviar un poderoso mensaje al gobierno japonés: DETENGAN LA MATANZA DE DELFINES.

El gobierno japonés y los pescadores dicen que la caza de delfines es parte de la cultura japonesa. Pero en realidad, la mayoría de los japoneses no saben que la matanza de delfines existe. Diversos observadores de organizaciones conservacionistas (One Voice, Earth Island Institute y Elsa Nature Conservancy) han viajado a Taiji en reiteradas oportunidades para documentar y exponer la masacre de los delfines al resto de Japón y del mundo. Sumate a las voces de reprobación. Son cada vez mayores y cada vez más firmes y fuertes. ¿Quién te dice que aportando un solo granito de arena -haciendo circular la información por ejemplo- contribuyas a salvar el planeta? Sí, porque además de ser seres adorables que en algunos (como yo) despiertan una ternura y compasión particular, forman parte de la cadena de la vida que la sabia naturaleza se ha encargado de hacerla funcionar a la perfección. No la destruyamos.

Si tienen oportunidad, no dejen de ver el documental, es estremecedoramente doloroso e indignante.

Fuente: documental "The Cove", www.animanaturalis.org/p/1110/detener_la_matanza_de_delfines_en_japon






sábado, 5 de diciembre de 2009

La moda que no hay que seguir

Hace unos días fui a un negocio de ropa (de esos donde varias marcas se pelean entre sí) donde se anunciaba en letras grandes y coloridas "outlet". Soy cliente asidua de ese local por lo que decidí darme una vuelta y ver si alguna vez puedo hacer algo de economía. La respuesta, obviamente, fue NO. Pero eso no fue lo más extraño. Lo que por momentos me dejaba sin aliento (estupefacta, por decirlo de algún modo), comienza acá.

Llegué temprano para encontrar algo que valga la pena (en estos casos se sabe que lo más lindo se vuela demasiado rápido). Primera señal de alarma: tuve que hacer cola para entrar. No lo podía creer ¿tan desesperadas estamos las mujeres que buscamos excusas como el outlet para salir corriendo a cuanto negocio de ropa se cruce enfrente de nosotras? Parece que sí. Por suerte sólo esperé unos diez minutos.

Logré la, a esa altura hazaña, de entrar. Segunda señal de alarma, primera señal de pánico: el caos personificado en todas esas hormiguitas, holgazanas aunque astutas, que dejaban la vida por alcanzar esa percha que se cruzaba delante de sus ojos. Por segunda vez en la mañana, y con espacio de 15 minutos, no lo podía creer. Me pregunto ¿por qué otras cosas las mujeres estamos dispuestas a luchar de la manera que lo hacemos por la ropa? Porque eso era una lucha: empujones mal simulados, codazos y pisotones por debajo de la mesa, brazos cruzando por encima de todo para alcanzar eso que a simple vista sirve (aunque eso significara llevarse un par de cabezas en el camino). Nunca imaginé tantas similitudes con una manada salvaje y hambrienta de hienas frente a sus inocentes presas, sólo que ellas lo hacen para sobrevivir. [Parece que estamos alterando y maldireccionando la escala de valores].

A esa altura no podía más que mimetizarme en la situación y empezar a reclamar lo que me pertenecía. Tras recojer varias prendas que sabía que no me iba a comprar, y en el caso que las comprase, sabía que no las iba a usar en la vida, me dirijo a los probadores,
sólo porque estaban baratas. Ajá. ¡Alarma, pánico, estupor! Nuevamente cola y esta sí que me llevaría más de diez minutos. En fin, ya estaba en el baile, había que bailar.

Tras media hora de claustrofobia logro salir airosa de los probadores. Obviamente la selección se redujo a mucho menos de la mitad. Creo que hasta logré sonreír. Duró poco. Empecé a mirar los precios de las preciosas prendas que había elegido y sácate ¡de ganga no tenían nada! Estaban un poco rebajadas, sí, pero también estaban muy alejadas de las letras coloridas de la publicidad. A esa altura ya estaba entusiasmadísima y no podía dejar que ninguna se perdiera en las manos (y en el guardarropas) de otra cliente feroz, asique empecé a hacer malabarismos, trucos y magia con las matemáticas hasta encontrar una salida a tamaña encrucijada. [¿Distorsión de la realidad? Sí, tanto que avergüenza].

Ya más relajada me fui a hacer la cola para pagar. Más relajada es una forma bastante surrealista de decirlo porque entre los precios, el cansancio y la salvaje lucha, no podía estar relajada. Nuevamente la cola representaba una eternidad, pero yo seguía bailando. Sin embargo en ese momento, y tras haber agotado mi cerebro en las situaciones previas, me dediqué a mirar, más bien a observar. Y nuevamente me sentí descolocada por esas mujeres que mostraban caras de alarma y pánico (como lo hice yo, y como lo harán tantas a lo largo del día), rostros desencajados y hasta un poco perdidos (en busca del conformismo inútil y efímero). Y me pregunto por qué elegimos sufrir hasta en esas situaciones que deberían ser placenteras y por qué nos sometemos con libre albedrío a situaciones que nos hacen sufrir. En fin, me pregunto ¿Por qué las mujeres teñimos siempre nuestras vidas con drama?

domingo, 22 de noviembre de 2009

Bajo el régimen del conformismo

¿Hasta cuándo las personas van a seguir conformándose con lo poco que tienen alrededor? Hace unos días vengo notando en gente que conozco (amigas, familiares) actitudes de conformismo que me desconciertan y, en cierto punto, me molestan (si es que puedo molestarme por algo así), bah, en realidad me molesta que dentro de dos, tres, seis semanas vuelvan a quejarse de lo que hoy eligen. Que mi novio no me llama nunca por teléfono, que nunca tiene ganas de salir conmigo, que ya no es lo que era, que parecemos hermanos más que novios, que mi trabajo es una mierda, que no me pagan lo que correspondería .. en fin, quejas, quejas, y más quejas. Ahora, yo me pregunto, el sentido de esos reproches ¿cuál es? En serio, si no estás satisfecha con lo que tu novio te ofrece: peleate. Si tu trabajo te estresa y no te brinda lo que estás buscando: renunciá. Si el chico con el que salís te trae más dolores de cabeza que sonrisas: dejalo. Pero no te conformes con migajas por miedo a que lo que venga después sea peor. Y si no encuentro a nadie, y si me quedo sola, y si todos los hombres son iguales, y si en todos los ámbitos laborales te tratan igual, etc, etc, etc. ¿Y si no?

¿Por qué la mayoría de los seres humanos tienden a pensar que el futuro va a ser peor que el presente? ¿Por qué ese miedo tan grande al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido que nos paraliza hasta el letargo? [Me pregunto si en realidad lo que sentimos no es miedo a nosotros mismos, miedo a enfrentarnos con nuestros deseos y miedo a no saber cómo satisfacerlos. Me pregunto si, en cierta forma, no somos nosotros quienes boicoteamos nuestra propia felicidad.] Me cuesta entender que seamos tan básicos (y tan estúpidos) de comprar un famélico bienestar permanente por no arriesgarnos a buscar una rebosante felicidad.

La búsqueda de la felicidad no es sencilla (tranquilos, no voy citar de prestado las frases de Bucay), pero estoy segura que el camino que lleva a su encuentro es mucho más reconfortante que vivir anticipándose a lo que nunca será. Sin embargo, para encontrar la felicidad, primero hay que buscarse uno, y creo que muchos no quieren enfrentarse con su alter ego escondido (enjaulado) en su interior. Es más fácil admirar la imagen que devuelve el espejo (u odiarla). A partir de esas horas, días, meses que uno comparte consigo mismo, a partir de ese conocimiento de uno, se pueden plantear los objetivos que llevan a la felicidad personal. Antes no. Antes son momentos. Ahora, este es un camino sinuoso, lleno de subidas y bajadas, de curvas peligrosas, de frenadas de golpe [¿pero no es esta ruta la de la vida? ¿la que realmente vale la pena? ¿la que nos mantiene despiertos?]. Este camino también está lleno de desencuentros, está lleno de objetivos no alcanzados, de alegrías esfumadas, de lágrimas derramadas .. pero con una certeza, la dirección es siempre hacia adelante y los pasos, una huella destinada a permanecer por más tiempo que el nombre de las celebridades en el camino a la fama hollywoodense (tanto los de nuestros pies, como los de nuestras rodillas).

Y así, pasito a paso, nos damos cuenta que ganamos nuestra primer batalla en esta vida sin guerras y que su estela es indeleble. Y a partir de ahí nos damos cuenta que no hay muros de los lamentos ni murallas de Berlín, aunque sí quizás varias Murallas Chinas. De ahí en adelante todo depende de uno. Las riendas las jala cada uno en la dirección que desee. Por eso no hay que conformarse con algo cuando de nosotros depende el todo. Por eso hay que transformar el miedo en combustible adrenalínico de nuestro cuerpo y avanzar, sin doblarse hasta romperse.

viernes, 20 de noviembre de 2009

En el último subsuelo

¡Basta! ¿Cómo puede ser que sigamos soportando lo que este Gobierno de inescrupulosos está haciendo con este país? Nos estamos convirtiendo en la vieja Cuba y en la nueva Venezuela y nadie dice ni hace nada. Ya sé que yo también soy parte de esta sociedad y que mi inacción es criticable de igual modo, pero no es lo mismo que una chica de San Juan salga a protestar desolada y aislada por las calles de la provincia, a que lo haga una persona de peso, como habían organizado en un principio Mirtha, Susana y Marcelo (¿ves? no hace falta apellido). Además es necesario organizarse correctamente, a lo largo y a lo ancho del país, y yo carezco de los recursos físicos, políticos, económicos y sociales para hacerlo. Por eso, hasta ese momento, el pedido (y la súplica) sigue siendo uno: ¡BASTA, POR FAVOR BASTA!

Ya se aprobó el mamarracho de ley de medios audiovisuales, lo que permitiría al Gobierno tener un cierto control sobre los medios televisivos y radiales del país. Ahora están dificultando la distribución de los medios gráficos, no sólo mandando grupos de vagos, de los ganan-dinero-fácil, a las puertas de las empresas de diarios de mayor peso en el país (La Nación y Clarín) para que armen quilombo, sino también molestando a la empresa Prensa Papel, principal proveedora del papel para la impresión de estas reliquias. Ya en la provincia de San Juan ayer nos quedamos sin algunos periódicos. ¿Toman dimensión de lo que estoy diciendo? Es gravísimo. El nivel de control que inunda nuestras vidas nos asemeja a las peores dictaduras que se vivieron años atrás. Nos están robando hasta los sentidos: los oídos, los ojos .. prontamente seguro que se querrán quedar con nuestras bocas también. Como lo vaticinara Shakira tiempo atrás, deberemos aprender a vivir ciego-sordo-mudos (¿realmente deberemos hacerlo? I don't think so)

El enfermo-mental matrimonio presidencial pretende apoderarse de todas las fuentes de información para, de esa manera, seguir colgado de la nonada de esperanza de ser reelecto en el 2011. Todo por poder. Por más poder. Para seguir robando a mano armada la vida de los que hoy se mueren de hambre en el granero del mundo.

Leo lo que escribo y no puedo dejar de sorprenderme ni de indignarme por estas palabras confusas que están escritas en el orden incorrecto (¿o acaso el granero del mundo no debería robar a mano armada el hambre de los que hoy mueren para que empiecen a vivir?).

Es increíble que estos tipos sólo se preocupen por sus bolsillos (¿para qué más, si ni en diez vidas podrán gastar todo lo que ya afanaron?) y miren con un cristal polarizado (y blindado) lo que pasa alrededor. Es increíble la insensibilidad que denotan en cada aparición pública al no mencionar palabra alguna por los que mueren de hambre, producto de la inseguridad, por la falta de esperanza, o por no poder seguir creyendo. De nuevo, leo y me sulfuro.

Sólo espero que esta pesadilla termine pronto para empezar, de una vez, a soñar. Porque soñar es cosa de chicos, pero da fuerza a los grandes. Porque el que sueña tiene un motivo para despertar y un objetivo por el que luchar. Porque no se puede vivir (ni sobrevivir siquiera) comiendo tierra.

martes, 17 de noviembre de 2009

Ese universo de pequeñas cosas

Acá estoy, sentada frente a la compu, escuchando el nuevo cd de Joaquín Sabina (que, como no podía ser de otra manera, invadió primero el ciberespacio que la tienda tienda regular de música con afiches y gigantografías colgando) y volcando, en ese mismo mundo virtual (¿cuál será el fin?), estas ideas que desde temprano se apoderaron de mis pensamientos.
¿Cuánto vale aquel beso que no te dieron hoy? ¿Cuánto pagarías por ese abrazo esquivo que hoy no recibiste? ¿Por qué siempre nos contentamos ante el regalo de alguien y dejamos ir desapercibida esa sonrisa que tanto buscamos? (obvio que estamos hablando de una prenda de vestir mínimo -mejor si es un perfume o el bolso que no compramos por no dejar ir, de una, todo un sueldo- porque si recibimos golosinas, chocolates y/o tarjetas, estarían meses con las orejas rojas por nuestros insultos -si el dicho popular es un hecho y no sólo un dicho-). En fin, ¿por qué le damos tanta importancia a lo material? o, mejor dicho, ¿por qué no le damos la misma importancia que a aquellos objetos tangibles con valor económico, a lo sensorial (espiritual, sentimental, como más guste llamarlo)? A veces creo que somos tan necios y ciegos que dejamos escapar todo ese universo de pequeñas cosas que nos llenan el alma y nos permiten autodenominarnos felices. A veces creo que somos demasiado egoístas y ególatras como para permitirnos captar esos detalles ínfimos del otro que nos hacen gigante a uno. Quizás algunos estén acostumbrados a recibirlos y en ese rutinario acostumbramiento, lo extraordinario se vuelve ordinario (y hasta aburrido). Pero ¡cuánto se nota su ausencia cuando no están! ¡Cuánto se extrañan cuando tomamos consciencia de su aislamiento -y de nuestra soledad-! ¡Cómo deseamos que el estado de hibernación y letargo dé paso al mes de abril!
Necesitamos reivindicar lo simple, lo sencillo, lo natural. Necesitamos darnos cuenta que hay momentos y detalles efímeros que pueden alegrarnos una vida. Necesitamos llamarle pan al pan y vino llamar al vino. Y, por sobre todas las cosas, necesitamos comprender que ese universo de pequeñas (aunque enormes) cosas está siempre a nuestro alrededor esperando nuestra señal de alerta para comenzar a complacernos. Hay que dejarlo ser y hacer .. y así crecer.

Pongamos que hablo de Joaquín

Leí esta entrevista y me pareció increíble. Inteligente, sincera, reveladora. De hoy y de ayer. Muy Joaquín, básicamente. Por eso la comparto con todos acá.

Joaquín sobre Sabina: "Es un estafador profesional"

Irónico y con ganas de subirse a un escenario. Así vuelve Joaquín con un trabajo más intimista y melancólico que nunca. ¿Un poeta urbano? ¿Un genio? Él aclara a Qué!: "Es un traje demasiado grande para mí".

"Yo alargué como pude mi juventud y mi inconsciencia hasta los 50. Hoy, a los 60, vivo el día a día más tranquilo, más en casa, ya no amanezco en los bares...", así, entre el humo de un ducados, comienza la charla de Qué! con Joaquín Sabina.

"No quiero ser un cantante póstumo, prefiero estar en el escenario cantando", dice con una carcajada sarcástica. Sabina vuelve tras cuatro años de sequía creativa con catorce canciones bajo el brazo. "Soy un tipo muy torturado. Mi único secreto es hablar con el corazón y no con la calculadora", afirma casi recitando mientras enciende otro pitillo. Así comenzó una larga conversación:

- A tus cuarenta y diez decías que el cura que te debía dar la extremaunción no era todavía monaguillo...
Joaquín Sabina: Ya es monaguillo... (risas). Ahora en 'Viudita de Clicquot', porque ya no puedo cantar a mis cuarenta y diez y por eso decidí retomar esa historia a los 60.

-Y ahora cómo vives tu día a día, cómo hace diez, veinte años...
J.S. Yo alargué como pude mi juventud y mi inconsciencia hasta los 50. Luego tuve un ictus cerebral, pasé por una especie de depresión... y me curé con las giras. La que hice con Serrat hace dos años que fue muy gozosa y muy feliz. Luego he tardado 4 años sin escribir canciones. Y ahora... pues vivo el día a día con diez años más, más tranquilo, más en casa, ya no amanezco en los bares.

- ¿Has aprendido a disfrutar de la luz del sol?
J.S. En eso estoy, en eso estoy.

-Los compañeros de viaje... Serrat, Benjamín Prado...
J.S. La gira con Serrat yo no me veía capaz de meterme en una gira de auditorios y plazas de toros, pero las primeras canciones que yo toqué con la guitarra eran de Serrat, por lo que que él quisiera hacer una gira conmigo me hacía tanta ilusión que lo mínimo que podía hacer era estar a la altura para no defraudarlo.
Y eso también me curó de mis miedos escénicos, y ahora esta la enfrento con igual pánico pero con algo más de seguridad sabiendo que cuando pise el escenario las cosas irán bien. Eso espero al menos.

-La mayoría de las canciones las has compuesto con Benjamín Prado, os fuisteis a Praga ocho días... ¿es más fácil cantar al desamor de otros?
J.S. El desamor y las penas de otros siempre son las tuyas una vez que se transforman en canción y también de la gente que las escucha. Si las canciones no fueran compartibles, si tú no hubieras vivido cosas de ese tipo (entre risas bromea diciendo a la redactora: bueno, tú no que eres muy guapa), como lo de la ex novia de Benjamín es una anécdota, pero la base son cosas que le han pasado a todo el mundo.

-Hay una base melancólica, la parte más amarga fue la de Praga, en Rota algo más de azúcar.
J.S. Fue fantástico porque Benjamín estaba muy deprimido y yo no estaba deprimido pero no tenía ganas de hacer canciones ni se me ocurrían. Entonces una noche con unas copas dijimos de irnos a Praga, nos fuimos y empezaron a salir a cuatro manos.
Fue muy excitante porque en diez días hicimos el guión de 11 canciones y claro litros de alcohol corren por mis venas mujer (ríe a carcajadas), muchas risas... y ese fue el momento de la inspiración. Luego ya viene el trabajo que hicimos en Rota y Madrid más tranquilos.

-¿Te pesa la obligación de sacar nuevo disco?
J.S. No, por eso he estado cuatro años sin hacer canciones. Yo no sé encargarme canciones o ir a escribir canciones como quien va a la oficina. Las canciones vienen o no vienen, aunque a veces las provoco como ahora con Rota o cuando me he ido con Panchito (se refiere a Pancho Varona) a la isla de Hierro. Sí me gusta estar en lugares raros y anónimos y hermosos, donde caminar por sus calles y meterme en sus bares y tugurios sin problemas.

-Serrat decía 'Cantando compartes lo que amas y te enfrentas a lo que te incomoda', ¿qué comparte sabina a través de sus letras? J.S. Espero compartir las canciones, cuando tienes canciones nuevas no sabes si se van a abrir en el corazón de la gente y eso es muy excitante. En la gira cantaremos 6 ó 7 del nuevo disco y si la cosa va bien cantaremos canciones antiguas para disfrutar en el escenario como solíamos hacer.

-Tu vida en los últimos años ha cambiado bastante, en este trabajo veremos más Joaquín y menos Sabina, o sigues siendo el Sabina canalla que todo el mundo espera.
J.S. Muchas cosas que se han dicho de mí son una caricatura. Lo que pasa es que yo soy muy bocazas y me tomo unas copas pues cuento todo... y o es que soy yo el único que se ha ido de putas en este país, carajo? Yo contribuí a crear esa caricatura.

Pero mis aficiones y mis modos de vivir las cosas son parecidas, lo que pasa es que ahora, en defensa propia, he levantado un poquito el pie del acelerador porque no quiero ser un cantante póstumo, prefiero estar en el escenario cantando.
-¿Las giras te excitan más que nada?
J.S. Las giras tienen la mitología esa de la carretera, los hoteles, los aviones y el rock and roll, y es muy excitante pero también da mucho miedo, porque yo que no sé planificar nada a dos días vista, ahora sé que voy a estar un año cantando en 15 ó 20 paises y eso acojona. Pero luego te pones a ensayar, te subes a un escenario y ves que todo va bien y la adrenalina sube sola.

-¿Eres muy obsesivo con tus canciones?
J.S. Sí, hago todo para que no parezcan declaraciones de Raúl después de un partido... las mías parecen declaraciones del Alcorcón después de un partido (entre risas comenta lo feliz que fue viendo ganar al Alcorcón y a su Atlétic meter 6 goles)

-¿Y cómo ha sido la colaboración de Guti?
J.S. Realmente él vino con los Pereza a la grabación y quien pasa por mi estudio canta.

-¿Cómo ha sido trabajar con Pereza?
J.S.Con Pereza ha sido fantástico. El disco había salido bastante denso, bastante amargo y a mí me gusta la calle, me gusta el rock and roll. Y los 'Perecita' me gustaban mucho por esa actitud chulesca, de barrio que tienen y les llamé para ver si hacíamos algo juntos. Cada uno hizo las melodías y Benja y yo las letras y fue fantástico.

-Siempre has sido un cantante pegado a la calle, en 'Crisis' hablas de la situación actual, pero según Benjamín Prado es sobre tu crisis personal, a la hora de componer...
J.S. Eso es lo que dice Benjamín (dice riendo). Es una canción sobre todas las crisis, la de las personas y las económicas. Incluso hay un trozo muy políticamente incorrecto que dice 'y la gorda soñando que le aborda el crucero un cielo somalí' (con grandes carcajadas habla de una especie de fantasía erótica)

-La canción que le dedicas a tu hija, 'Ay, Carmela', ya le dedicaste una a tu otra hija...
J.S. Había escrito las dos seguidas pero me daba muchísima vergüenza incluir en el mismo disco dos canciones de amor a mis hijas. Entonces me guardé una. Es curioso porque Carmela ha ido creciendo con la canción y ahora tiene más que ver con ella lo que escribí hace cuatro años que cuando la escribí. Es la canción de amor.

-Qué piensas de estas nuevas tecnologías que te ensalzan como un gurú (como las frases de Sabina en Facebook)
J.S. No tenía ni idea. Yo prefiero que me consideren un cómplice. Me encanta cuando hacen esas encuestas sobre con quién te tomarías unas cañas y a veces dicen conmigo. Eso sí me gusta de verdad. Lo otro son trajes demasiado grandes para mí.

-¿Cómo definirías a Sabina? (Antes de contestar sonríe y enciende un Ducados)
J.S. Un impresentable. Un estafador profesional.

-¿Cuál es el secreto de Sabina?
Soy un tipo muy torturado, he tardado cuatro años en hacer 14 canciones. El secreto es hablar con el corazón y no con la calculadora. Cultivar las canciones como si fuera una gardenia, poner lo mejor de ti en tu oficio, un oficio que te ha dado tanto.

-'Con la frente marchita'/ 'Pongamos que hablo de Madrid'...Qué tiene Buenos Aires que no tenga Madrid y qué tiene Madrid que le falte a Buenos Aires.
J.S. Buenos Aires conserva los viejos cafés de barrio, la calle Corrientes donde hay 16 teatros, conserva las librerías abiertas toda la noche, tiene el tango, las chicas (es verdad que están todas operadas... pero joder...). Igual que aquí soy colchonero allí soy de Boca, el 20 de enero tocamos en la Bombonera... Son muy apasionados, paladean de un modo especial cierto tipo de canciones que tienen que ver con la poética del tango.

Madrid es mi casa. Tiene esa cosa maravillosa de que te bajas en Atocha y ya empiezas a ser madrileño. En Madrid conoces a alguien en un bar y ya te invitan a su casa, cosa que por ejemplo en Barcelona no pasa, y en muy pocas ciudades del mundo. Y eso es único.

-Una canción de Sabina para el desamor
Son casi todas, pero me quedo con 'Y sin embargo...' y de las de este disco 'Cristales de Bohemia'.
-Una para cuando estás enamorado
Cuando estás enamorado no hay que hacer canciones. Hay que meterse en cama con la persona a la que amas y que canten otros (risas).

-Con amigos, ¿qué escuchas?
J.S. Me gusta desde Louis Amstrong, Tom Waits, Chavela Vargas. No escucho canciones mías... a mi me gusta la buena música.

Nos queda Sabina para rato. Un gusto, maestro.

Fuente: ciudadsabina.com