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martes, 17 de noviembre de 2009

Pongamos que hablo de Joaquín

Leí esta entrevista y me pareció increíble. Inteligente, sincera, reveladora. De hoy y de ayer. Muy Joaquín, básicamente. Por eso la comparto con todos acá.

Joaquín sobre Sabina: "Es un estafador profesional"

Irónico y con ganas de subirse a un escenario. Así vuelve Joaquín con un trabajo más intimista y melancólico que nunca. ¿Un poeta urbano? ¿Un genio? Él aclara a Qué!: "Es un traje demasiado grande para mí".

"Yo alargué como pude mi juventud y mi inconsciencia hasta los 50. Hoy, a los 60, vivo el día a día más tranquilo, más en casa, ya no amanezco en los bares...", así, entre el humo de un ducados, comienza la charla de Qué! con Joaquín Sabina.

"No quiero ser un cantante póstumo, prefiero estar en el escenario cantando", dice con una carcajada sarcástica. Sabina vuelve tras cuatro años de sequía creativa con catorce canciones bajo el brazo. "Soy un tipo muy torturado. Mi único secreto es hablar con el corazón y no con la calculadora", afirma casi recitando mientras enciende otro pitillo. Así comenzó una larga conversación:

- A tus cuarenta y diez decías que el cura que te debía dar la extremaunción no era todavía monaguillo...
Joaquín Sabina: Ya es monaguillo... (risas). Ahora en 'Viudita de Clicquot', porque ya no puedo cantar a mis cuarenta y diez y por eso decidí retomar esa historia a los 60.

-Y ahora cómo vives tu día a día, cómo hace diez, veinte años...
J.S. Yo alargué como pude mi juventud y mi inconsciencia hasta los 50. Luego tuve un ictus cerebral, pasé por una especie de depresión... y me curé con las giras. La que hice con Serrat hace dos años que fue muy gozosa y muy feliz. Luego he tardado 4 años sin escribir canciones. Y ahora... pues vivo el día a día con diez años más, más tranquilo, más en casa, ya no amanezco en los bares.

- ¿Has aprendido a disfrutar de la luz del sol?
J.S. En eso estoy, en eso estoy.

-Los compañeros de viaje... Serrat, Benjamín Prado...
J.S. La gira con Serrat yo no me veía capaz de meterme en una gira de auditorios y plazas de toros, pero las primeras canciones que yo toqué con la guitarra eran de Serrat, por lo que que él quisiera hacer una gira conmigo me hacía tanta ilusión que lo mínimo que podía hacer era estar a la altura para no defraudarlo.
Y eso también me curó de mis miedos escénicos, y ahora esta la enfrento con igual pánico pero con algo más de seguridad sabiendo que cuando pise el escenario las cosas irán bien. Eso espero al menos.

-La mayoría de las canciones las has compuesto con Benjamín Prado, os fuisteis a Praga ocho días... ¿es más fácil cantar al desamor de otros?
J.S. El desamor y las penas de otros siempre son las tuyas una vez que se transforman en canción y también de la gente que las escucha. Si las canciones no fueran compartibles, si tú no hubieras vivido cosas de ese tipo (entre risas bromea diciendo a la redactora: bueno, tú no que eres muy guapa), como lo de la ex novia de Benjamín es una anécdota, pero la base son cosas que le han pasado a todo el mundo.

-Hay una base melancólica, la parte más amarga fue la de Praga, en Rota algo más de azúcar.
J.S. Fue fantástico porque Benjamín estaba muy deprimido y yo no estaba deprimido pero no tenía ganas de hacer canciones ni se me ocurrían. Entonces una noche con unas copas dijimos de irnos a Praga, nos fuimos y empezaron a salir a cuatro manos.
Fue muy excitante porque en diez días hicimos el guión de 11 canciones y claro litros de alcohol corren por mis venas mujer (ríe a carcajadas), muchas risas... y ese fue el momento de la inspiración. Luego ya viene el trabajo que hicimos en Rota y Madrid más tranquilos.

-¿Te pesa la obligación de sacar nuevo disco?
J.S. No, por eso he estado cuatro años sin hacer canciones. Yo no sé encargarme canciones o ir a escribir canciones como quien va a la oficina. Las canciones vienen o no vienen, aunque a veces las provoco como ahora con Rota o cuando me he ido con Panchito (se refiere a Pancho Varona) a la isla de Hierro. Sí me gusta estar en lugares raros y anónimos y hermosos, donde caminar por sus calles y meterme en sus bares y tugurios sin problemas.

-Serrat decía 'Cantando compartes lo que amas y te enfrentas a lo que te incomoda', ¿qué comparte sabina a través de sus letras? J.S. Espero compartir las canciones, cuando tienes canciones nuevas no sabes si se van a abrir en el corazón de la gente y eso es muy excitante. En la gira cantaremos 6 ó 7 del nuevo disco y si la cosa va bien cantaremos canciones antiguas para disfrutar en el escenario como solíamos hacer.

-Tu vida en los últimos años ha cambiado bastante, en este trabajo veremos más Joaquín y menos Sabina, o sigues siendo el Sabina canalla que todo el mundo espera.
J.S. Muchas cosas que se han dicho de mí son una caricatura. Lo que pasa es que yo soy muy bocazas y me tomo unas copas pues cuento todo... y o es que soy yo el único que se ha ido de putas en este país, carajo? Yo contribuí a crear esa caricatura.

Pero mis aficiones y mis modos de vivir las cosas son parecidas, lo que pasa es que ahora, en defensa propia, he levantado un poquito el pie del acelerador porque no quiero ser un cantante póstumo, prefiero estar en el escenario cantando.
-¿Las giras te excitan más que nada?
J.S. Las giras tienen la mitología esa de la carretera, los hoteles, los aviones y el rock and roll, y es muy excitante pero también da mucho miedo, porque yo que no sé planificar nada a dos días vista, ahora sé que voy a estar un año cantando en 15 ó 20 paises y eso acojona. Pero luego te pones a ensayar, te subes a un escenario y ves que todo va bien y la adrenalina sube sola.

-¿Eres muy obsesivo con tus canciones?
J.S. Sí, hago todo para que no parezcan declaraciones de Raúl después de un partido... las mías parecen declaraciones del Alcorcón después de un partido (entre risas comenta lo feliz que fue viendo ganar al Alcorcón y a su Atlétic meter 6 goles)

-¿Y cómo ha sido la colaboración de Guti?
J.S. Realmente él vino con los Pereza a la grabación y quien pasa por mi estudio canta.

-¿Cómo ha sido trabajar con Pereza?
J.S.Con Pereza ha sido fantástico. El disco había salido bastante denso, bastante amargo y a mí me gusta la calle, me gusta el rock and roll. Y los 'Perecita' me gustaban mucho por esa actitud chulesca, de barrio que tienen y les llamé para ver si hacíamos algo juntos. Cada uno hizo las melodías y Benja y yo las letras y fue fantástico.

-Siempre has sido un cantante pegado a la calle, en 'Crisis' hablas de la situación actual, pero según Benjamín Prado es sobre tu crisis personal, a la hora de componer...
J.S. Eso es lo que dice Benjamín (dice riendo). Es una canción sobre todas las crisis, la de las personas y las económicas. Incluso hay un trozo muy políticamente incorrecto que dice 'y la gorda soñando que le aborda el crucero un cielo somalí' (con grandes carcajadas habla de una especie de fantasía erótica)

-La canción que le dedicas a tu hija, 'Ay, Carmela', ya le dedicaste una a tu otra hija...
J.S. Había escrito las dos seguidas pero me daba muchísima vergüenza incluir en el mismo disco dos canciones de amor a mis hijas. Entonces me guardé una. Es curioso porque Carmela ha ido creciendo con la canción y ahora tiene más que ver con ella lo que escribí hace cuatro años que cuando la escribí. Es la canción de amor.

-Qué piensas de estas nuevas tecnologías que te ensalzan como un gurú (como las frases de Sabina en Facebook)
J.S. No tenía ni idea. Yo prefiero que me consideren un cómplice. Me encanta cuando hacen esas encuestas sobre con quién te tomarías unas cañas y a veces dicen conmigo. Eso sí me gusta de verdad. Lo otro son trajes demasiado grandes para mí.

-¿Cómo definirías a Sabina? (Antes de contestar sonríe y enciende un Ducados)
J.S. Un impresentable. Un estafador profesional.

-¿Cuál es el secreto de Sabina?
Soy un tipo muy torturado, he tardado cuatro años en hacer 14 canciones. El secreto es hablar con el corazón y no con la calculadora. Cultivar las canciones como si fuera una gardenia, poner lo mejor de ti en tu oficio, un oficio que te ha dado tanto.

-'Con la frente marchita'/ 'Pongamos que hablo de Madrid'...Qué tiene Buenos Aires que no tenga Madrid y qué tiene Madrid que le falte a Buenos Aires.
J.S. Buenos Aires conserva los viejos cafés de barrio, la calle Corrientes donde hay 16 teatros, conserva las librerías abiertas toda la noche, tiene el tango, las chicas (es verdad que están todas operadas... pero joder...). Igual que aquí soy colchonero allí soy de Boca, el 20 de enero tocamos en la Bombonera... Son muy apasionados, paladean de un modo especial cierto tipo de canciones que tienen que ver con la poética del tango.

Madrid es mi casa. Tiene esa cosa maravillosa de que te bajas en Atocha y ya empiezas a ser madrileño. En Madrid conoces a alguien en un bar y ya te invitan a su casa, cosa que por ejemplo en Barcelona no pasa, y en muy pocas ciudades del mundo. Y eso es único.

-Una canción de Sabina para el desamor
Son casi todas, pero me quedo con 'Y sin embargo...' y de las de este disco 'Cristales de Bohemia'.
-Una para cuando estás enamorado
Cuando estás enamorado no hay que hacer canciones. Hay que meterse en cama con la persona a la que amas y que canten otros (risas).

-Con amigos, ¿qué escuchas?
J.S. Me gusta desde Louis Amstrong, Tom Waits, Chavela Vargas. No escucho canciones mías... a mi me gusta la buena música.

Nos queda Sabina para rato. Un gusto, maestro.

Fuente: ciudadsabina.com

sábado, 14 de noviembre de 2009

Sabina. Más de Vinagre & Rosas

Ya sé que estoy insoportable con Sabina, pero es que estamos en vísperas de su nuevo álbum y abunda el nuevo y extraordinario material. Acá hay más info de las canciones, todas brillantes, todas mis favoritas.

Agua pasada
“Benja, lo único que vamos a hacer son canciones muy emocionantes. Que las oigan... ¡y se mueran!”, le dijo Sabina. En esta canción, “Joaquín probó la canción como lo hace siempre, siguiendo la teoría de que, si se puede cantar como un blues, un tango y una ranchera, es que sirve”.

Virgen de la Amargura
Con ese nombre, Virgen de la Amargura, bautizaron los amigos de Benjamín Prado a su ex novia.

Vinagre y Rosas
La canción que da título al disco está ambientada en el circo y tiene un aire fronterizo. “Sigue el camino del amor, pero también se trata el problema de la discriminación y la crisis”.

Crisis
Dice Prado que la canción no es sobre la situación económica, sino sobre la ‘nube negra’ del cantante. “¿Cómo una persona a la que sigue tanta gente se considera tan perdida?”, se pregunta Prado.

Cristales de Bohemia
Es su homenaje a esta ciudad, lugar en que se concibieron la mayoría de las canciones del álbum.

Viudita de Cliquot
De visita en Tenerife en un recital literario, el dúo reflexionó entre whiskys y ducados sobre su estancia en Rota. Habían avanzado el disco, pero canciones como ‘Viudita de Cliquot’ aún quedaban por terminar. “Eso nos entonó y le acertamos a un par de rimas interesantes. Cuatro versos y tres cigarrillos después, nos dimos por satisfechos y cerramos la libreta”.

Parte meteorológico
En Madrid, Prado se tragó el aire de un estudio de grabación, que a veces está “lleno de cuchillos”. “Fueron días intensos y divertidos. Con Joaquín siempre ocurre algo que merece recordar”, escribe Prado.

Menos dos alas
Dedicada al poeta Ángel González, la compusieron en el cabaret Darling, al que iban en una limusina. "Es una canción muy melancólica, pero Joaquín insistió que tenía que ser una rumba”.

Embustera
Con música de Pereza, a Prado le emocionó. “Estaba tan seguro de que esta canción iba a estar en el disco porque resultaba impensable que Joaquín me diese el disgusto de no incluirla”.

Tiramisú de limón
La otra pieza de Pereza es el primer single. “Es una canción fantástica y era la primera que construimos sobre el plano de una música ya hecha”.

Fuente: ciudadsabina.com

viernes, 13 de noviembre de 2009

Sabina. Los secretos de alcoba de su nuevo disco

Ocho días en un lujoso hotel de Praga junto al novelista Benjamín Prado para escribir 11 canciones. El cantante publica su nuevo disco, titulado 'Vinagre y rosas', el próximo martes.

La escena tiene lugar en un lujoso hotel de Praga, a principios de este año y a altas horas de la madrugada. Los protagonistas son dos: el escritor y poeta Benjamín Prado y el cantante y también poeta Joaquín Sabina. El primero acaba de conciliar el sueño. El segundo grita en el pasillo: "¡Benja! ¡Benja! ¡Benjaaaaaaaa!". Cuando Benja logra despegarse de las sábanas y abrir la puerta, "ya había varios clientes con la cabeza fuera de sus cuartos y sangre en la mirada, llamándonos hijos de puta en cuatro idiomas", relata Prado en Romper una canción (Aguilar, 2009), el libro en el que narra la gestación de Vinagre y rosas, el disco que Sabina publica la próxima semana.

Nuestros protagonistas se habían dado las buenas noches sólo unos minutos antes, pero a Joaquín se le había ocurrido una nueva idea para la canción que habían estado escribiendo esa tarde y regresó en busca del somnoliento Benja. El único problema es que no recordaba el número de su habitación. "Nos alegró mucho que cinco minutos más tarde nos telefonearan de recepción, porque mientras pedíamos disculpas aprovechamos para pedir también que nos subieran un par de copas", recuerda Prado.

Este es sólo uno de los episodios de la aventura quijotesca y descerebrada en la que se embarcaron hace un año un cantante de éxito con la inspiración seca y un reconocido escritor al que su novia le acababa de romper el corazón. Así recordaba ayer Prado el inicio de la peripecia: "Fue en una reunión de amigos en un bar del centro de Madrid. A las tres de la madrugada, Joaquín me dijo: Benja, yo vivo en una felicidad doméstica de la que es imposible sacar un verso, como tú ahora te has separado de tu novia". Y le propuso aprovecharse de sus desgracias e irse de viaje juntos para escribir canciones contra su ex novia: "La Habana, Lisboa, Nueva York, Praga... ¿Qué me dices?". Y Benjamín dijo Praga.

Arrebato noctámbulo

En aquel momento, ninguno de los amigos que les rodeaban se tomó en serio la propuesta, identificándola con un arrebato fruto de la exaltación en una madrugada de juerga, cuando las luces de neón y los cubatas le nublan a uno la vista primero y la razón después. Ni siquiera Benjamín, recién convertido en un moderno Sancho Panza a la caza de canciones, las tenía todas consigo. "¿Podía salir algo de ese proyecto, teniendo en cuenta que en aquellos precisos instantes él, según decía, estaba desganado y con la inspiración a medio gas y yo de lo único que realmente tenía ganas era de tirarme a una piscina llena de vodka y bebérmela?", se pregunta Prado en su libro.

Sin embargo, tras un par de modificaciones en el programa de viaje, 15 días más tarde un legendario cantante y un galardonado escritor, ambos españoles y poetas, se registraron en el Kempinski Hybernská, uno de los hoteles más lujosos de la capital de la República Checa. "Dudábamos de que consiguiéramos algo, pero tres días más tarde nos sentíamos capaces de escribir cualquier canción que se nos ocurriera", confesó ayer a Público Benjamín Prado.

Escribir y pelear

Por delante tenían ocho días y una sola ocupación: escribir canciones. Lo primero que hicieron al llegar al hotel fue preguntar dónde estaba el bar y quedar en él cinco minutos más tarde. Ese fue el principal escenario del combate. "Ni uno ni el otro nos pasábamos una, pero siempre desde el respeto. Lo fácil es acabar chocando, odiándote o imponiendo las cosas. Por eso me gusta la portada del libro, porque parece el cartel de un combate de boxeo. Es un combate del que hemos salido ganadores los dos. Y ninguno de los dos tenemos remota idea de quién ha escrito cada cosa", confiesa el escritor.

Es indudable que la situación era, cuando menos, sospechosa: dos extranjeros, ya entrados en años, bajaban cada noche al bar (bautizado por Sabina como el Hoppers Bar, porque la atmósfera melancólica recordaba a los cuadros de Edward Hopper), pedían dos copas y se sentaban en una mesa llena de papelajos. A continuación, discutían agitadamente; o uno comenzaba a caminar en círculos mientras el otro lanzaba los manuscritos con rabia sobre la mesa; o se gritaban mutuamente, como poseídos, y acto seguido, de repente, se abrazaban y bailaban con alegría como si celebraran el gol de su equipo. "Los camareros pensaban que éramos una pareja gay, pero es que para escribir una canción es necesario pelearse mucho, cada verso, cada palabra. Ese fue uno de los motivos por los que Joaquín me pidió que escribiera este libro, para que la gente supiera el trabajo que lleva hacer una canción", indica Prado.

3.000 para ti, 3.000 para mí

Romper una canción es un libro con muchos libros dentro:una crónica de viajes, un manual de escribir canciones, un relato sobre la amistad, un diario íntimo... Según el escritor, "en Praga nos recorrimos todos los tugurios de la ciudad e hicimos todos los disparates que pueden hacer dos tipos". Sabina solía levantarse tarde, sobre las doce, y mientras el resto de seres humanos almorzaba, él desayunaba ostras, caviar y escargots. La buena vida hasta las últimas consecuencias. El primer día, cuando se preparaban para dar un paseo por Praga, el cantante llamó a Benjamín Prado a su habitación e insistió en repartir lo que él llamaba pocket money (dinero suelto). "Benja, vamos a quedarnos con la mitad cada uno: 3.000 para ti y 3.000 para mí", le soltó. Sí, hablaba de euros.

Y aunque la crónica íntima de este duelo de creadores deja curiosidades que fascinarán a los fans del cantante (su lectura voraz de todo periódico que pille a su alcance, el mal humor por las mañanas, su sentido del humor, su afición a las antigüedades, sus días de resaca...), más suculento todavía es el relato pormenorizado de la composición de las canciones. Joaquín dice: "Hay que escribir una canción, una que hable de Praga. ¡Me la está pidiendo el cuerpo a gritos!". Y Benjamín responde: "¿Y cuál va a ser la historia? Supongamos que es la de un tipo que ha venido a Praga para olvidar a una mujer... A olvidarla una vez en cada esquina". Y Joaquín: "¡Ah, Benja! ¡Cómo me gusta eso! A olvidarla otra vez en cada esquina. Mejor otra vez. Vine a Praga a escribir una canción, a olvidarte otra vez en cada esquina". Y Benja: "No, a escribir, no: vine a Praga a romper una canción". Y así continúan jugando, hasta que Joaquín, bajo la divertida mirada de los camareros del Hoppers, estalla: "Está bien, pero lo podemos hacer todavía mejor. Tomemos otra copa y a ver si nos sale otro verso".

En el ring de la composición, es difícil tumbar a Sabina. Como mínimo, según lo que cuenta Prado en su libro, se le puede ganar por puntos. "Es muy emocionante ver cómo una persona como él, que ha hecho algunas de las mejores canciones en nuestro idioma, no tenga la más mínima tentación de vivir de las rentas y pelee cada letra de este disco como, sinceramente, no se las veo pelear a otra gente más joven", cuenta el escritor y define la clave para escribir una buena canción: "Tomársela muy en serio, pensar que no puede haber ninguna palabra gratuita".

Corralitos y verbos indios

Su método para afrontar los desencuentros cuando estaban componiendo es uno de los momentos más descacharrantes del libro. Prado utilizaba los corralitos, que no eran otra cosa que un círculo con una gallina dentro donde escribía las palabras que se le ocurrían a Joaquín y que a él no le gustaban. Sabina, por su parte, usaba los verbos indios. Cuando le desagradaba una idea de Prado, respondía rotundo: "No comprar". En cambio, daba saltos de alegría gritando "Comprar, comprar" si ocurría lo contrario. Imagínense la cara de los camareros del bar, al verles gritando cosas como: "No comprar". "Pero, ¿por qué? ¡Cómpramelo!". "No comprar. Y además, si mañana te veo por la calle, no te saludo". "¿Qué haces? ¡No, no, al corralito no!".

Juntos escribieron once de las 14 canciones que componen Vinagre y rosas, que se editará el próximo martes. Tras la aventura de Praga, continuaron el tira y afloja en Madrid y Rota. Pero las canciones, "que hay que acabarlas cinco, seis y hasta siete veces", siguieron abiertas hasta el mismo estudio de grabación. "Quedábamos a comer y a las cuatro íbamos al estudio. Eran comidas tensas, donde arreglábamos las canciones. Incluso en el mismo estudio me he sorprendido de las cosas que se nos ocurrían, cosas alucinantes, en el último momento", recuerda Prado. En total, han sido siete meses viviendo en el interior de una docena de canciones. "Hemos vivido en una burbuja. No queríamos salir". El martes entraremos nosotros.

Fuente: ciudadsabina.com

¡Qué maestro! ¡Qué grande! ¡Cuánto arte en una sola persona! ¡Cuánta genialidad desbordando un solo cuerpo!

martes, 3 de noviembre de 2009

Un adelanto que agrava la ansiedad


La siguiente nota la extraje de la mejor página web sobre el gran poeta, músico, cantautor, filósofo y genio de la vida Joaquín Sabina: www.ciudadsabina.com. Ya saben que soy una gran fanática de esta persona (tan igual, tan distinto a todos) y es por eso que quiero compartir este adelanto que publicó la gente de ciudadsabina.com acerca de su último álbum "vinagre y rosas" próximamente a la venta. Lean y comiencen a disfrutar algunas de las grandes frases que se se esconden en las canciones de su último trabajo .. palabras que venden por si solo el cd y que generan una ansiedad enorme por devorarlo enseguida.

“Pienso en los mundos personales y en la capacidad de disparar con mano de santo al corazón ahora que sale
Vinagre y rosas, la nueva entrega de Joaquín. Su último disco, Alivio de luto, se editó en el 2005, hace cuatro años. Tanto tiempo de espera convierte ya esta aparición en un acontecimiento”, escribe Luis García Montero.
Así es. Cuatro años sin canciones de Joaquín Sabina son muchos años, pero el mutis termina el 17 de noviembre con la publicación de Vinagre y rosas, un álbum en el que, como dice García Montero, “Joaquín se ha abierto más que nunca, y sin embargo es también más Joaquín que nunca”. Justa definición para uno de los grandes trabajos de un artista que lleva almacenando en el disco duro de nuestra memoria un buen puñado de canciones imborrables desde que apareció su primer disco, allá en 1978. Palabras como cuerpos, una de las canciones de aquel álbum de debut, empezaba: “Recuperar de nuevo los nombres de las cosas, llamarle pan al pan, vino llamarle al vino”. Han pasado 31 años, ha publicado 18 discos de los que ha vendido más de nueve millones de ejemplares y en eso sigue Joaquín Sabina, cuidando y puliendo las palabras. Tiene el gen, y las 14 canciones Vinagre y rosas lo confirman por decimonovena vez. Firmando al alimón con Benjamín Prado las letras de diez de ellas, una con Luis García Montero y otra con Violeta Parra (1917-1967), Joaquín Sabina vuelve a apoderarse de nuestro corazón y convertirlo en estribillo, como escribe García Montero. Hoy, con 60 años a cuestas (Viudita de Clicquot, una de las canciones deVinagre y rosas, da fe de ello), Joaquín Sabina sigue desnudándose en sus canciones escéptico y utópico, real y fantástico, nunca complaciente. Como siempre, mete el dedo en la llaga y jamás sale seco. Las canciones de Joaquín son vida y tienen el callo que da la nostalgia, la decepción y la ilusión, mezcladas en proporciones diferentes en las canciones de un álbum inspirado, emocionante y despojado. En Vinagre y rosas, el pan sigue siendo pan y el vino, vino. El álbum comienza por derecho con Tiramisú de limón (“Hice un solo desafinado con las cenizas del amor, las verbenas del pasado gangrenan el corazón”). Es el primer single y una de las dos canciones del nuevo tándem Sabina-Pereza que aparecen en el disco. Un tema rotundo, con letra de Joaquín Sabina y Benjamín Prado y música de Leiva de Pereza. Leiva y Rubén (es decir, Pereza) asumen la producción y lo tocan casi todo: batería, bajo, guitarras… También hacen los coros, junto a Guti, Joan Manuel Serrat, Antonio Gª de Diego y Pancho Varona. Para continuar dejando las cosas claras, una autobiografía a calzón quitado: Viudita de Clicquot (“A los quince los cuerdos de atar me cortaron las alas, a los veinte escapé por las malas del pie del altar, a los treinta fui de armas tomar sin chaleco antibalas, Londres fue Montparnassse sin gabachos, Atocha con mar”). Con el equipo músico habitual (Antonio Gª de Diego, Pancho Varona y José A. Romero) a su lado como en la mayoría del álbum, es un baladón rockero con ese aroma blues que también aparece en otras canciones. Puro Sabina en otra demostración de maestría en la construcción de una canción, esta vez quitándose hasta el taparrabos. Para elevar la nostalgia llega Cristales de Bohemia (“Vine a Praga a fundar una ciudad una noche a las diez de la mañana, subiendo a Malá Strana, quemando tu bandera en la frontera de la soledad”). Con un acompañamiento sencillo, mínimo y ajustado, es una emotiva evocación a Praga, una canción melancólica que da paso a Parte metereológico (“Besarte es desatar un huracán, que suba en el termómetro el mercurio, algunas nieves dan calor cuando se van fundiendo entre el desierto y el diluvio”). Rock suave de carretera, ritmo a lo J.J. Cale (para entendernos) y un estupendo y fino trabajo de Antonio Gª de Diego a las guitarras marcan una de las canciones más rítmicamente alegres y vistosas del disco. Después, y a ritmo de vals íntimo, suena Ay! Carmela (“Y no sé de qué modo dejar de adorarte sin duelo entre nunca y quién sabe. Cuando quemes tus naves no me pierdas las llaves del cielo”) con letra cien por cien Joaquín, dedicada a su hija y una de las canciones más emocionadas de un álbum absolutamente emocionado. Sigue Virgen de la Amargura (“Virgen de la Amargura, devuélveme la vida, sin ti todo es usura y noches perdidas, facturas, calenturas, heridas sin sutura; caídas, conjeturas, sacudidas, cerraduras… despedidas de locura y callejón”), una de las canciones más originales del disco, abierta, imprevisible, que comienza acústica con aire a folk-rock de los 60-70 y acaba por los Beatles. Agua pasada (“Las canciones de amor que no quisiste andan rondando ya por las aceras, las tocan las orquestas de los tristes pa que baile don nadie con cualquiera”) tiene dentro blues, tango, fado, copla y otras músicas de sentimiento para un Sabina vertical, hondo, intenso, íntimo. Siguiendo en la onda, llega Vinagre y rosas (“Cuando el flautista de Hamelín sacó un ratón de su bombín, Polichinela se fugó con Arlequín. Hay mariposas de arrabal que nunca aprenden a volar, vinagre y rosas a la hora de cenar”), un hallazgo en la mezcla de ranchera y blues, absolutamente original y magníficamente conseguida. Una canción que Sabina canta más chulo que un chotis para colocarla en la vitrina junto a sus grandes emblemas. Otra joya. Embustera (“Contigo he comprendido que la humedad es algo que se seca y se olvida. Gracias a ti he sabido que la verdad es sólo un cabo suelto de la mentira”) retoma el rock porque ahí está Pereza en su segunda colaboración del álbum. Con música de Rubén Pozo y Pereza a las guitarras, bajo y batería, tiene un aire a lo George Harrison pasado por los Rolling Stones que la convierte en otra de las canciones enérgicas de un álbum por lo general calmado. Nombres impropios (“Ya ves, llegar a fin de mes no era con ella asunto de dinero. Se trataba más bien de merecer un tren de pasajeros, el tsunami de un mar hecho mujer, dispuesto en cada ola a renacer. Se llamaba Herejía, cómo voy a saber si me engañaba cuando me mentía”) contribuye a esa calma a tiempo de swing con aroma de jazz añejo, con un desarrollo sofisticado donde se ve la mano sabia de Antonio Gª de Diego y Pancho Varona, autores de la música como en la mayoría de las canciones del disco. Menos dos alas (“González era un ángel menos dos alas, González era un santo por lo civil, un dandy con un ojo a la funerala, tan rojo, tan Oviedo y tan zascandil”) va por rumba para rendir homenaje al poeta Ángel González (Oviedo, 1922-Madrid, 2008), mientras Crisis (“Crisis en el cielo, crisis en el suelo, crisis en la catedral. Crisis en la cama, cada sueño un drama, un euro es un dineral. Crisis en la luna, la diosa fortuna debe un año de alquiler. Crisis con ladillas, manchas amarillas, pánico del día después. Crisis en la moda, firma y no me jodas, esta no es nuestra canción”) cambia a rock duro para situarnos en el hoy y ahora. Y en la recta final del álbum llega Blues del alambique (“Me busqué, te perdí, derrapé, malviví, todo es tan extraño. Conspiré contra el sol, enviudé de farol, cómo pasan los años”) con música de Álvaro Martínez Maluquer, un especialista en blues que sostiene con su guitarra la intimidad de una canción que precede al bonus track que cierra del disco: Violetas para Violeta (“Los pobres no somos ricos ni el cobre es más que la greda, la libertad cierra el pico desde que hay toque de queda, pregúntale a los milicos qué hicieron en La Moneda”). En el libro Con buena letra que recoge la letra de todas sus canciones, Joaquín Sabina escribe: “Imitando sin conseguirlo a la inimitable Violeta Parra”. Con música de la gran cantautora chilena que Sabina convierte en un blues-rock intenso y emocionante, es el cierre de un álbum mayúsculo, variado, insurrecto, duro en el contenido, muy poco benévolo con nada ni con nadie, empezando por el propio autor. Apasionado y apasionante. Decir que Joaquín Sabina vuelve a ejercer magisterio en las letras puede ser redundante y mejor leer el texto que sigue de Luis García Montero. El hecho es que Vinagre y rosas ya está aquí para situarse entre los mejores discos de una obra capital en la música española. La que desde hace tres décadas nos viene ofreciendo Joaquín Sabina.

Espero que hayan disfrutado este pedazo de la gran obra de arte que está lista para ser exhibida.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Tiramisú de limón by Joaquín Sabina

Fanática absurda como soy de Joaquín Sabina no puedo dejar de compartir el adelanto de su último álbum "Vinagre & Rosas" que sale a la venta el próximo 17 de noviembre. Esta canción se llama Tiramisú de limón y fue escrita junto con el grupo de rock español Pereza. Sabina y el dúo se conocen desde hace años, encuentros esporádicos donde siempre reinó un clima de sana amabilidad y camaradería. Sin embargo la relación se ha estrechado aún más con el nuevo trabajo del de Úbeda, cuando el equipo de producción de Sabina (vía Pancho Varona), llamó a Rubén y Leiva para animarles a componer algo para el disco. Leiva: “Panchito, con el que siempre hemos tenido trato de amistad, nos llamó y nos dijo ‘Oye chicos ¿Por qué no escribís alguna cancioncita?’. Y bueno, Rubén hizo “Embustera”, con Benjamín Prado, y yo “Tiramisú de limón”. Después Joaquín cogió las letras de ambas canciones y las transformó en sus letras”.

El single Tiramisú de limón es una canción que arranca con brisa porteña para tirarse finalmente en brazos del rock vesceral con el que se identifica a Pereza, una canción con fuerza, lindamente engalanada con el acordeón de César Pop y unos coros compinches en los que aparecen Joan Manuel Serrat, Guti, Pancho Varona y Antonio García de Diego. La canción viene acompañada de un video donde el trío se despacha a gusto mostrando su orgullosa relación.

"Tiramisú de Limón"

Hice un solo desafinado
con las cenizas del amor
las verbenas del pasado
gangrenan el corazón.

Acórtate la falda nueva
despiértate al oscurecer
túmbate al sol cuando llueva
no desordenes mi taller

Tiramisú de limón
helado de aguardiente
muñequita de salón
tanguita de serpiente.

De madrugada y por la puerta de servicios
me pasabas el hachís
al borde del precipicio
jugábamos a Thelma y Louise

Pero esta noche estrena libertad un preso
desde que no eres mi juez.
Tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en mi red.

Tiramisu de limón
helado de aguardiente
puritana de salón
tanguita de serpiente.

¿Dónde crees que vas?
¿qué te parece que soy?
no mires atrás
que ya no estoy.

¿Pero dónde crees que vas?
¿quién te parece que soy?
si miras atrás
mañana es hoy.

¿Dónde crees que vas?
¿quién te parece que soy?
puede que quizás
luego sea hoy.

Nena, ¿dónde crees que vas?
¿quién te parece que soy?
no mires atrás
que ya me voy.

Que sepas que el final no empieza hoy...

Acá dejo el link del video para que escuchen la canción, que en voz de Sabina suena más que bien y con el tiempo gusta muchísimo: http://www.youtube.com/watch?v=w7fhODayaww

Quienquiera compartir su visión del tema, quienquiera resolver este acertijo, será bienvenido.