¿Hasta cuándo las personas van a seguir conformándose con lo poco que tienen alrededor? Hace unos días vengo notando en gente que conozco (amigas, familiares) actitudes de conformismo que me desconciertan y, en cierto punto, me molestan (si es que puedo molestarme por algo así), bah, en realidad me molesta que dentro de dos, tres, seis semanas vuelvan a quejarse de lo que hoy eligen. Que mi novio no me llama nunca por teléfono, que nunca tiene ganas de salir conmigo, que ya no es lo que era, que parecemos hermanos más que novios, que mi trabajo es una mierda, que no me pagan lo que correspondería .. en fin, quejas, quejas, y más quejas. Ahora, yo me pregunto, el sentido de esos reproches ¿cuál es? En serio, si no estás satisfecha con lo que tu novio te ofrece: peleate. Si tu trabajo te estresa y no te brinda lo que estás buscando: renunciá. Si el chico con el que salís te trae más dolores de cabeza que sonrisas: dejalo. Pero no te conformes con migajas por miedo a que lo que venga después sea peor. Y si no encuentro a nadie, y si me quedo sola, y si todos los hombres son iguales, y si en todos los ámbitos laborales te tratan igual, etc, etc, etc. ¿Y si no?
¿Por qué la mayoría de los seres humanos tienden a pensar que el futuro va a ser peor que el presente? ¿Por qué ese miedo tan grande al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido que nos paraliza hasta el letargo? [Me pregunto si en realidad lo que sentimos no es miedo a nosotros mismos, miedo a enfrentarnos con nuestros deseos y miedo a no saber cómo satisfacerlos. Me pregunto si, en cierta forma, no somos nosotros quienes boicoteamos nuestra propia felicidad.] Me cuesta entender que seamos tan básicos (y tan estúpidos) de comprar un famélico bienestar permanente por no arriesgarnos a buscar una rebosante felicidad.
La búsqueda de la felicidad no es sencilla (tranquilos, no voy citar de prestado las frases de Bucay), pero estoy segura que el camino que lleva a su encuentro es mucho más reconfortante que vivir anticipándose a lo que nunca será. Sin embargo, para encontrar la felicidad, primero hay que buscarse uno, y creo que muchos no quieren enfrentarse con su alter ego escondido (enjaulado) en su interior. Es más fácil admirar la imagen que devuelve el espejo (u odiarla). A partir de esas horas, días, meses que uno comparte consigo mismo, a partir de ese conocimiento de uno, se pueden plantear los objetivos que llevan a la felicidad personal. Antes no. Antes son momentos. Ahora, este es un camino sinuoso, lleno de subidas y bajadas, de curvas peligrosas, de frenadas de golpe [¿pero no es esta ruta la de la vida? ¿la que realmente vale la pena? ¿la que nos mantiene despiertos?]. Este camino también está lleno de desencuentros, está lleno de objetivos no alcanzados, de alegrías esfumadas, de lágrimas derramadas .. pero con una certeza, la dirección es siempre hacia adelante y los pasos, una huella destinada a permanecer por más tiempo que el nombre de las celebridades en el camino a la fama hollywoodense (tanto los de nuestros pies, como los de nuestras rodillas).
Y así, pasito a paso, nos damos cuenta que ganamos nuestra primer batalla en esta vida sin guerras y que su estela es indeleble. Y a partir de ahí nos damos cuenta que no hay muros de los lamentos ni murallas de Berlín, aunque sí quizás varias Murallas Chinas. De ahí en adelante todo depende de uno. Las riendas las jala cada uno en la dirección que desee. Por eso no hay que conformarse con algo cuando de nosotros depende el todo. Por eso hay que transformar el miedo en combustible adrenalínico de nuestro cuerpo y avanzar, sin doblarse hasta romperse.
¿Por qué la mayoría de los seres humanos tienden a pensar que el futuro va a ser peor que el presente? ¿Por qué ese miedo tan grande al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido que nos paraliza hasta el letargo? [Me pregunto si en realidad lo que sentimos no es miedo a nosotros mismos, miedo a enfrentarnos con nuestros deseos y miedo a no saber cómo satisfacerlos. Me pregunto si, en cierta forma, no somos nosotros quienes boicoteamos nuestra propia felicidad.] Me cuesta entender que seamos tan básicos (y tan estúpidos) de comprar un famélico bienestar permanente por no arriesgarnos a buscar una rebosante felicidad.
La búsqueda de la felicidad no es sencilla (tranquilos, no voy citar de prestado las frases de Bucay), pero estoy segura que el camino que lleva a su encuentro es mucho más reconfortante que vivir anticipándose a lo que nunca será. Sin embargo, para encontrar la felicidad, primero hay que buscarse uno, y creo que muchos no quieren enfrentarse con su alter ego escondido (enjaulado) en su interior. Es más fácil admirar la imagen que devuelve el espejo (u odiarla). A partir de esas horas, días, meses que uno comparte consigo mismo, a partir de ese conocimiento de uno, se pueden plantear los objetivos que llevan a la felicidad personal. Antes no. Antes son momentos. Ahora, este es un camino sinuoso, lleno de subidas y bajadas, de curvas peligrosas, de frenadas de golpe [¿pero no es esta ruta la de la vida? ¿la que realmente vale la pena? ¿la que nos mantiene despiertos?]. Este camino también está lleno de desencuentros, está lleno de objetivos no alcanzados, de alegrías esfumadas, de lágrimas derramadas .. pero con una certeza, la dirección es siempre hacia adelante y los pasos, una huella destinada a permanecer por más tiempo que el nombre de las celebridades en el camino a la fama hollywoodense (tanto los de nuestros pies, como los de nuestras rodillas).
Y así, pasito a paso, nos damos cuenta que ganamos nuestra primer batalla en esta vida sin guerras y que su estela es indeleble. Y a partir de ahí nos damos cuenta que no hay muros de los lamentos ni murallas de Berlín, aunque sí quizás varias Murallas Chinas. De ahí en adelante todo depende de uno. Las riendas las jala cada uno en la dirección que desee. Por eso no hay que conformarse con algo cuando de nosotros depende el todo. Por eso hay que transformar el miedo en combustible adrenalínico de nuestro cuerpo y avanzar, sin doblarse hasta romperse.
¿Sabés una cosa? Me encantan tus reflexiones.
ResponderEliminarA veces creo que intentamos conformarnos con lo poquito y mediocre que tenemos, tal vez porque "más vale malo conocido..." los argentinos somos así (de otra manera no me explico la reelección de Menem y su casi tercera presidencia). Yo, como ya te dije antes, intenté la otra opción, la menos cómoda pero la más emocionante, sin dudas.
Besos