lunes, 19 de octubre de 2009

Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera

Tengo 25 años, hace casi un año me recibí de Abogada en Córdoba (aunque ahora vivo en San Juan, Argentina) y todavía no encuentro trabajo. Desde el primer momento tuve claro dónde quería trabajar, por lo que no me preocupaba por analizar otras opciones o propuestas. Sabía que iba a ser difícil, pero confiaba que el momento iba a llegar. Pensaba que todo el tiempo, esfuerzo, dedicación iba a dar sus frutos (¿Cómo es posible que después de tanto estudio y sacrificio uno no consiga el trabajo deseado?). Sin embargo el tiempo pasa, mi ansiedad aumenta, y las respuestas siguen ausentes (para qué hablar de la frustración que siento, a punto de tocar el cielo).

Yo quiero mi país, quiero Argentina y me encantaría seguir creciendo y envejecer acá, pero ¿es posible quedarse en un lugar donde todas las puertas están cerradas? ¿es justo apostar por un espacio que no hace más que disminuir tus esperanzas día tras día? Así todo se hace más que difícil y lo peor, lo más desesperanzador, es que no hay señales de cambio a la vista.

No sé cuánto tiempo más seguirán así las cosas. No sé cuánto más lo soportaré. No sé en qué va a terminar todo esto ni dónde voy a terminar yo. No sé, no sé, no sé. Tanta incertidumbre desespera, agobia e irrita. Y mientras el mundo avanza, mientras algunos continúan marchando (o caminando), otros (los de mi edad principalmente), seguimos girando en círculo. Sin norte, sin futuro (sin el futuro que soñamos). No es justo. No es normal. No es lo que merecemos ni para lo que nos preparamos. ¿Hasta cuándo?

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