¿Cuántas veces hemos pronunciado un te amo
sincero? ¿Y cuántas lo hemos callado?
¿Cuántas veces hemos querido gritar a voces y
decir a gritos que amamos a una persona? ¿Cuántas veces el miedo al rechazo nos acobardó y
nos intimidó a continuar en silencio?
¿Cuántas veces la locura le ganó a la cordura?
¿Y cuántas la razón al corazón?
¿Cuántas veces un suspiro fastidiado se quejó
entrecortado de la lágrima que entristecida caía por la mejilla?
¿Cuántas derrotas somos capaces de soportar?
¿Cuánto infortunio somos capaces de transformar?
¿Qué rara melancolía se apodera de nuestra
alma e inoportuna golpea las puertas de la conciencia, entorpeciendo los
pensamientos con prejuicios y perjuicios difíciles de reclamar?
¿Cuántas veces la caprichosa soledad te ha
instado a acompañarte en atiborrados momentos de afluencia? ¿Cuántas veces le abriste la
puerta y cuántas se la cerraste?
¿Cuántas veces deseaste despertar de una
realidad inerte y apática? ¿Cuántas veces deseaste soñar que vivías un sueño?
¿Quién decide cuando en ti todo está dicho?
¿Quién revierte tus desconsuelos y añoranzas?
Qué difícil se hace anhelar un abrazo tuyo y conformarse con un recuerdo, suspirar por un beso de amor y descubrir el vacío con los ojos cerrados.
Qué difícil es descubrir la inercia inmunda del silencio ensordecer de una tarde de domingo cuando uno desea la inercia compartida de una siesta en un sillón de un martes
y a eddie vedder de fondo ..
Quiero despertar para vivir un sueño. De una vez por todas quiero despertar. Y no me da miedo decirlo, pero me da miedo salir del caparazón.
Y una pregunta revolotea en mi cabeza picoteando mi cerebro incansablemente con su indecencia, ¿Y si quedo mirando al cielo sin poder salir del círculo? ¿Y si soy yo quien colocó el candado en la cerradura arrojando la llave al mar? ¿Cómo tomar las riendas y enfrentar la felicidad cuando al mismo tiempo genera tanto miedo?
Me encuentro sentada frente al monitor de mi computadora, escuchando música (de esa de letra profunda y algo melancólica), e intentando reflexionar tras la culminación de un fin de semana estático y sin cicatrices, acerca de MI .. mi bienestar, mi felicidad, mis alegrías, mis llantos, mis creencias, mis sueños.
Siempre me creí una persona segura, fuerte, con (auto) determinación y coraje .. pero ¿cuánto hay de verdad en ello? .. ¿Acaso los miedos y fantasmas ocultos que revolotean de tanto en tanto no tiran de la soga en sentido contrario .. aunque sólo lo hagan en mi cabeza?. ¿Es fuerte quien destierra sus temores o quien los inhibe tras la exhibición de sus sombras?
Sin dudas, tuve fines de semana mejores.
Hoy también me pregunto cuánto sé de mi misma. ¿Sé quién soy? ¿Sé qué quiero? ¿Sé qué me hace feliz? ¿Sé qué me hace sufrir? .. Ante esas certezas, ¿me quedo o me alejo? .. Me encuentro a mi misma respondiendo estas preguntas y me sorprendo al ver que sé varias de esas respuestas .. pero más me sorprendo al observar mi papel pasivo frente a ellas .. Si sé lo que quiero y lo que me hace feliz, ¿no debería salir corriendo a perseguir ese objetivo? ¿Qué es lo que me mantiene inerte frente a tanta certeza?
En realidad, hoy contemplo mis sentimientos cual batalla de troyanos contra helenos en la trivial película que nos hizo conocer dicha historia .. enfrentándose unos y otros por intentar prevalecer. Estoy despertando supongo (estado nirvana), que no es lo mismo que estar triste. Estoy empezando a recorrer un camino .. MI camino .. quizás no tan deprisa como quisiera, pero con pasos firmes. Eso creo.
Está bueno sentarse un momento a pensar qué queremos para nosotros en esta vida y si estamos haciendo algo para alcanzarlo. Está bueno tener presente cuáles son nuestros objetivos y, de tanto en tanto, reflexionar si vamos por el camino adecuado. Es maravilloso ver que, cuando tenemos las cosas claras, son muchos los caminos que se vuelven correctos. Es mucho más simple de lo que parece.
Supongo que esa es la mejor manera de sentirse y saberse fuerte, segura, valiente .. gigante .. cuando uno vislumbra sus ideales y disfruta de cada uno de los momentos que transitamos para alcanzarlos .. porque en la vida, la suma de cada una de sus partes, es mucho más que el todo ;)
Qué difíciles se me hacen los fines de año ! A pesar de sus encantos, no logro disfrutar plenamente de esta época del año y, la verdad, ansío que pase pronto. Es una época que connota balances y los balances me asustan. Me asusta ver que pasó un año entero y no logré hacer ningún cambio positivo en mi vida. Sigo acarreando las mismas mochilas que el año pasado (más pesadas incluso) y soñando con las mismas ilusiones que en estos doce meses no cumplí. Pero sobre todo me asusta ver que, en gran parte, la responsabilidad de encontrarme estancada en el mismo lugar es tan sólo mía. Porque si bien ninguna oportunidad se presentó concreta en mi puerta, tampoco salí a buscarlas con seguridad y firmeza. Dejé que el tiempo pasara sin pensar que el tiempo, cuando pasa, no vuelve. El tiempo es traicionero. Le gusta jugar a los engaños con sus cortos segundos, minutos, horas, con sus intermedios días, semanas y sus largos meses, y cuando todos esos meses que forman un año pasan, nos damos cuenta (recién ahí) de todo el tiempo que pasó delante de nuestras caras. Además los balances denotan un sentimiento de melancolía espantoso. No creo, según mi apreciación, que haya un sentimiento peor que la melancolía. Incluso la tristeza no suele ser tan fea y desconsoladora. Uno puede estar triste por acontecimientos realmente graves, como la muerte de un ser querido, problemas de salud de alguna persona cercana y sufrir sin consuelo alguno o también por haber perdido ese pañuelo que tanto me gustaba y combinaba con todos mis atuendos. Éste último, de sabido que pasa rápido, con tan sólo una noche de sueño (o desvelo) como mucho y sin dejar rastros. Pero la melancolía es sombría, fatigosa, insoportable. Se instala en nuestros huesos, o más profundo aún, en nuestra alma, y se queda allí durante largo tiempo. Sin inmutarse siquiera por el desprecio que uno le tenga. Y dejando las huellas de su estadía para que siempre nos acordemos de ella. Eso me genera esta época. Al menos mientras no pueda atribuirle significado positivo al balance de fin de año. Por suerte ya termina y por doce meses no tendré que preocuparme de ello.
Ya no puedes ni saltar por el peso que recae sobre tus hombros. Desplegar tus alas se convirtió en una utopía. Te cuesta respirar por el hollín adherido a tus pulmones. Por corazón, un barrizal. Por sangre, ponzoña. Ni un ácaro sobreviviría en tu interior.
Lo lejos que estás del cielo (de tú cielo, de mí cielo), te obligan a perder la vista en el suelo.
El oscuro halo que te escolta fulmina aún más el paisaje de nubes negras que te circunda. Kin sombrío. Insensata desmesura que te mueve.
Mirada fétida. Y muecas estrafalarias escondidas tras un velo de falacias. Sordina. Invidencia. Inmaculada decepción. Penurias, cual semillas, se dispersan tras de ti, en un malherido campo de tierra putrefacta.
Recuerda, sólo recuerda, que cosecharás tu siembra.
Acabo de ver esta peli que me dejó sin palabras. Escrita y dirigida por Woody Allen. Creo que decir eso es suficiente para que se entienda que estoy hablando de palabras mayores. Soy seguidora de su cine, sin ser una groupie. Sin embargo, en esta oportunidad me dejó estupefacta de la genialidad que logró plasmar en pantalla.
La película, simplificadamente, trata de la insatisfacción que genera vivir en el presente y el deseo continuo de transportarse a otra época considerada, por la historia, mejor que la actual. Sin embargo, ¿qué ocurriría si ese deseo se vuelve realidad y de pronto nos encontráramos viviendo en algún tiempo pasado? ¿simplemente eso nos haría mágicamente felices? ¿por dónde transcurre la verdadera felicidad? La película es, desde mi punto de vista, perfecta. Y aunque sea sumamente surrealista, no tiene vacíos más absurdos que el absurdo que significa darle vida a Hemingway, Picasso, Dalí, Fitzgerald, Gauguin, T.S. Eliot, Buñuel, entre otros. Es simplemente impecable, con diálogos para escuchar ininterrumpidamente y con una fotografía para no dejar de (ad)mirar ni un segundo. Basta con cerrar los ojos para transportarse a París y soñar con vivir, aunque sea por un instante, una gloriosa historia de amor. ¿Quién no muere por escuchar que le susurren al oído "we'll always have Paris"?. Bueno, esta obra de arte, me transportó a aquella otra obra de arte y a sentir un deseo inexorable de caminar bajo la lluvia por las calles de esa hermosa ciudad.
Finalmente, la genialidad de la película radica, para mi, en el mensaje que transmite. Ese mensaje es el de vivir con la mayor de las fuerzas y energía el presente. Hay momentos tristes, dolorosos, dramáticos, melancólicos y angustiantes, pero ahí también está el encanto de la vida. Es decir, esos momentos nos deben hacer recordar con cuánta rapidez pasa la vida y cuánta alegría hay que ponerle al día a día para tratar de disfrutarla al máximo. Las penas y amarguras sirven para valorar más los momentos lindos. Y para hacer de cada momento, una fotografía que valga la pena recordar y una anécdota que valga la pena contar.
Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así: la política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la oración sin caridad. La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí. "El que quiera ser amado, que ame" ;)