Ya no puedes ni saltar por el peso que recae sobre tus hombros.
Desplegar tus alas se convirtió en una utopía.
Te cuesta respirar por el hollín adherido a tus pulmones.
Por corazón, un barrizal. Por sangre, ponzoña.
Ni un ácaro sobreviviría en tu interior.
Lo lejos que estás del cielo (de tú cielo, de mí cielo),
te obligan a perder la vista en el suelo.
El oscuro halo que te escolta fulmina aún más el paisaje de nubes negras que te circunda.
Kin sombrío. Insensata desmesura que te mueve.
Mirada fétida. Y muecas estrafalarias escondidas tras un velo de falacias.
Sordina. Invidencia. Inmaculada decepción.
Penurias, cual semillas, se dispersan tras de ti, en un malherido campo de tierra putrefacta.
Recuerda, sólo recuerda, que cosecharás tu siembra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario