jueves, 9 de septiembre de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
Momentos
Es increíble cómo la vida está llena de momentos. Momentos y detalles que se suceden unos a otros concatenadamente para darle lugar a las emociones que buscan desesperadas una forma de sobresalir. Porque de un minuto a otro un simple detalle, gesto, mimo te cambia rotundamente el humor. Para bien y para mal, claro está. Sólo un segunda le toma a las coordenadas que rigen nuestra existencia establecer qué tipo de día tendremos hoy. Y otro segundo le toma cambiarlo en la dirección contraria.
Es increíble cómo, tras ciertos acontecimientos, cambia la perspectiva con que miramos el mundo, con que miramos lo que nos rodea. De pronto, un viento terroso, seco y caliente puede ponerte de mal humor y hacerte despotricar contra viento y marea. De pronto, alguna noticia hace que comiences a actuar por inercia sin sentir siquiera una brisa molesta. Para bien o para mal, claro está.
Es increíble lo maravilloso que puede ser recibir esa sorpresa que tanto soñás recibir y tan poco te atrevés a reconocer. Un gesto tierno, un abrazo cálido, un mimo al alma de esa persona que pensaste perdida en el tiempo. Sonrisa eterna. [Eternidad de 24 horas. Quizás menos. Quizás más].
Es increíble que tengan que suceder cosas extraordinarias para darnos cuenta de lo fascinante que es la vida y de lo mucho que la descuidamos. No es tan difícil entender que lo único que importa es el presente (vivir el presente) y que el mismo es un rompecabeza que nosotros vamos armando con cada paso que damos. ¿No es tan difícil, o sí?
Hay que darle a cada hecho la importancia que realmente tiene, dejándonos de preocupar por las cosas banales y vacías de la vida. Preocuparse lo justo y necesario. Ocuparse lo necesario. Disfrutar al máximo. Como las mariposas, que viven una vida en 24 horas. Intensidad pura. Momentos eternos.
Es increíble cómo, tras ciertos acontecimientos, cambia la perspectiva con que miramos el mundo, con que miramos lo que nos rodea. De pronto, un viento terroso, seco y caliente puede ponerte de mal humor y hacerte despotricar contra viento y marea. De pronto, alguna noticia hace que comiences a actuar por inercia sin sentir siquiera una brisa molesta. Para bien o para mal, claro está.
Es increíble lo maravilloso que puede ser recibir esa sorpresa que tanto soñás recibir y tan poco te atrevés a reconocer. Un gesto tierno, un abrazo cálido, un mimo al alma de esa persona que pensaste perdida en el tiempo. Sonrisa eterna. [Eternidad de 24 horas. Quizás menos. Quizás más].
Es increíble que tengan que suceder cosas extraordinarias para darnos cuenta de lo fascinante que es la vida y de lo mucho que la descuidamos. No es tan difícil entender que lo único que importa es el presente (vivir el presente) y que el mismo es un rompecabeza que nosotros vamos armando con cada paso que damos. ¿No es tan difícil, o sí?
Hay que darle a cada hecho la importancia que realmente tiene, dejándonos de preocupar por las cosas banales y vacías de la vida. Preocuparse lo justo y necesario. Ocuparse lo necesario. Disfrutar al máximo. Como las mariposas, que viven una vida en 24 horas. Intensidad pura. Momentos eternos.
martes, 27 de julio de 2010
Into the wild
¿Alguna vez viste una película que te partió la cabeza?
A mi me pasó dos veces. Primero con Eternal Sunshine of the Spotless Mind y ahora con Into the Wild. La primera fue una revolución de mi yo interno. Comencé a comprenderme mejor a partir de esa película. No sé por qué, pero fue así. Me liberé de ciertos prejuicios y dejé volar mi imaginación hacia lugares antes impensados. Comprendí la enormidad de la mente. Comprendí dónde reside la verdadera libertad.
Esta vez fue distinto. Se revolucionó mi yo interno y su relación con los demás, con el mundo externo, con lo que me rodea. Comprendí que cada uno es artífice de su propio destino (realmente lo comprendí) y que cada uno debe buscarse y proveerse su propia felicidad. Entendí la soledad, no como un ser aislado en el mundo, sino como un ser completo en el mundo, capaz de convivir consigo mismo sin inconvenientes y de interactuar con los otros. Interactuar no es intercambio de palabras. Interactuar es nutrirse de los que están alrededor de uno y nutrirlos a ellos con lo que está adentro nuestro. La soledad es poder abstraerse aún estando rodeados de miles de personas, y disfrutar de esa abstracción. La soledad es un poco egoísta. Debemos ser un poco egoístas. O egoístas a secas (la cantidad queda librada a cada sujeto). Into the Wild me dio ganas de avanzar, de moverme hacia adelante (que no es lo mismo que moverse). Fue una inyección de esa esperanza un tanto utópica que tiene otro tanto de real y que lleva a tomar las riendas de tu vida, a tomar iniciativas, a convertir los planes, proyectos y objetivos en acciones materiales y concretas. Simplemente es una película que, vista en el momento justo, te puede cambiar la vida. =)
A mi me pasó dos veces. Primero con Eternal Sunshine of the Spotless Mind y ahora con Into the Wild. La primera fue una revolución de mi yo interno. Comencé a comprenderme mejor a partir de esa película. No sé por qué, pero fue así. Me liberé de ciertos prejuicios y dejé volar mi imaginación hacia lugares antes impensados. Comprendí la enormidad de la mente. Comprendí dónde reside la verdadera libertad.
Esta vez fue distinto. Se revolucionó mi yo interno y su relación con los demás, con el mundo externo, con lo que me rodea. Comprendí que cada uno es artífice de su propio destino (realmente lo comprendí) y que cada uno debe buscarse y proveerse su propia felicidad. Entendí la soledad, no como un ser aislado en el mundo, sino como un ser completo en el mundo, capaz de convivir consigo mismo sin inconvenientes y de interactuar con los otros. Interactuar no es intercambio de palabras. Interactuar es nutrirse de los que están alrededor de uno y nutrirlos a ellos con lo que está adentro nuestro. La soledad es poder abstraerse aún estando rodeados de miles de personas, y disfrutar de esa abstracción. La soledad es un poco egoísta. Debemos ser un poco egoístas. O egoístas a secas (la cantidad queda librada a cada sujeto). Into the Wild me dio ganas de avanzar, de moverme hacia adelante (que no es lo mismo que moverse). Fue una inyección de esa esperanza un tanto utópica que tiene otro tanto de real y que lleva a tomar las riendas de tu vida, a tomar iniciativas, a convertir los planes, proyectos y objetivos en acciones materiales y concretas. Simplemente es una película que, vista en el momento justo, te puede cambiar la vida. =)
sábado, 24 de julio de 2010
Inconformismo crónico
Hoy sólo pretendo compartir algunas ideas sueltas que dan vueltas en mi cabeza desde hace un tiempo.
¿Por qué los seres humanos somos tan difíciles de conformar? ¿Por qué hemos adoptado como parte de nuestra rutina el quejarnos de todo lo que nos rodea? ¿Por qué no podemos ser felices con lo que está a nuestro alcance, y por el contrario, siempre queremos lo que no podemos alcanzar?
No hablo de lo material. Lo material va y viene. Hoy está, mañana no, pasado ¿quién sabe? [¿quizás porque soy una afortunada que tiene cubiertas las necesidades básicas?]. Me refiero a esas circunstancias que llenan el alma, que te hacen sentir vivo, que te hacen feliz. Un trabajo, un hobby, un pasatiempo, un libro, un cd, una buena charla, un viaje.
¿Será que la vida es una línea recta dispuesta a elevarse por momentos para entender que esa circunstancia extraordinaria que nos hace bien es pasajera? ¿Será que no somos capaces de encontrar esa condición de extraordinaria en cada uno de los momentos que nos toca vivir cuando en realidad dicha condición se encuentra escondida ahí? ¿Será que forma parte de la naturaleza humana el quejarse constantemente de la vida y cuando nos pasa algo extraordinario inmediatamente nos acostumbramos y lo convertimos en ordinario sólo para tener algo de qué quejarse? (sólo para seguir cumpliendo con nuestro destino, para seguir la brújula que nos guía).
Cuántas dudas. Cuántas preguntas. Cuántas ganas de salir corriendo en búsqueda de esa felicidad plena que conocí, que quiero para mi, que yo misma me impido encontrar [¿temor a qué, miedo de qué?].
Tantos sinsentidos vienen y van. Se cruzan, chocan, se burlan de ellos mismos. Hoy quiero lo que tuve hace una semana, aunque hace una semana no sabía lo quería. ¿Si tengo por un tiempo considerable lo que tuve hace una semana, seguirá siendo extraordinario y deseado por mi? ¿Por qué constantemente siento esa sensación de estar incompleta, de vacío, de que falta algo? ¿Soy yo o esto le pasa además a otra gente? ¿Por qué mi cuerpo vive en una realidad -la fingida, la pre-dispuesta, la aburrida- y mi mente está permanentemente volando en una realidad paralela -la real, la completa, la feliz-?
De nuevo, ¿soy yo solamente?
¿Por qué los seres humanos somos tan difíciles de conformar? ¿Por qué hemos adoptado como parte de nuestra rutina el quejarnos de todo lo que nos rodea? ¿Por qué no podemos ser felices con lo que está a nuestro alcance, y por el contrario, siempre queremos lo que no podemos alcanzar?
No hablo de lo material. Lo material va y viene. Hoy está, mañana no, pasado ¿quién sabe? [¿quizás porque soy una afortunada que tiene cubiertas las necesidades básicas?]. Me refiero a esas circunstancias que llenan el alma, que te hacen sentir vivo, que te hacen feliz. Un trabajo, un hobby, un pasatiempo, un libro, un cd, una buena charla, un viaje.
¿Será que la vida es una línea recta dispuesta a elevarse por momentos para entender que esa circunstancia extraordinaria que nos hace bien es pasajera? ¿Será que no somos capaces de encontrar esa condición de extraordinaria en cada uno de los momentos que nos toca vivir cuando en realidad dicha condición se encuentra escondida ahí? ¿Será que forma parte de la naturaleza humana el quejarse constantemente de la vida y cuando nos pasa algo extraordinario inmediatamente nos acostumbramos y lo convertimos en ordinario sólo para tener algo de qué quejarse? (sólo para seguir cumpliendo con nuestro destino, para seguir la brújula que nos guía).
Cuántas dudas. Cuántas preguntas. Cuántas ganas de salir corriendo en búsqueda de esa felicidad plena que conocí, que quiero para mi, que yo misma me impido encontrar [¿temor a qué, miedo de qué?].
Tantos sinsentidos vienen y van. Se cruzan, chocan, se burlan de ellos mismos. Hoy quiero lo que tuve hace una semana, aunque hace una semana no sabía lo quería. ¿Si tengo por un tiempo considerable lo que tuve hace una semana, seguirá siendo extraordinario y deseado por mi? ¿Por qué constantemente siento esa sensación de estar incompleta, de vacío, de que falta algo? ¿Soy yo o esto le pasa además a otra gente? ¿Por qué mi cuerpo vive en una realidad -la fingida, la pre-dispuesta, la aburrida- y mi mente está permanentemente volando en una realidad paralela -la real, la completa, la feliz-?
De nuevo, ¿soy yo solamente?
domingo, 27 de junio de 2010
A favor de la igualdad
La primera pregunta que muchos hacen cuando uno dice que está a favor del matrimonio y adopción homosexual es "¿sos gay?" (que de pregunta tiene poco y de afirmación mucho). No, no soy gay, es la respuesta. Simplemente creo (realmente creo) que la orientación sexual de cada persona es un detalle más (irrelevante en algunos casos) a la hora de definir los órdenes de la vida de las personas.
Esta posición la adopté no hace mucho. Antes pensaba que el matrimonio gay era aceptable (raro, pero aceptable, ya que entre los heterosexuales -y los racionales- tiende a desaparecer), pero mi ignorancia me ubicaba en contra de la adopción. Pensaba que los niños criados por padres de un mismo sexo crecerían con múltiples traumas y complejos imposibles de borrar y sobrellevar. Pensaba que estaban condenados a la homosexualidad. Pensaba que iban a ser víctimas eternas de una vida anormal y contra-natura. Pensaba, cosa del pasado.
No sé en qué momento cambié de parecer. Creo que fue cuando escuché el testimonio de personas homosexuales que tocaron mi corazón y mi cordura. ¿Por qué negarle a una persona gay el derecho de ser padre? Muchos dicen "él/ella eligió ser gay, renunciando en ese momento a tener un hijo". ¿Es realmente así? ¿Uno elige ser gay? No he conversado con ninguna persona homosexual de este tema, pero he escuchado reiteradamente que de elección no hay nada, que los homosexuales nacen sintiendo esa inclinación distinta a la que propone la naturaleza. Si esto es así, ¿es lógico privar a esa persona del derecho de ser padre? ¿es humano condenar al homosexual (que siente, no elige) privándolo de ejercer los mismos derecho que un heterosexual cual si estuviera cometiendo el peor de los delitos? ¿tan difícil es aceptar que el homosexual es un ser humano igual a todos?
Amor. Eso es todo lo que para mi se necesita a la hora de adoptar (lo que principalmente se necesita, afrontemos que el dinero también es importante). Amor para hacerse cargo de un chico, para educarlo, criarlo, para formar una familia. ¿Cuántos niños son maltratados (en las distintas formas de violencia: física, verbal, psicológica) por sus padres biológicos sin llegar a conocer nunca lo que es el amor, la familia? ¿Eso es normal? ¿Esos padres heterosexuales son padres?
Dejemos de utilizar el término normal-anormal como sinónimos de bien-mal, correcto-incorrecto. Dejemos de tratar a los homosexuales como bichos raros y pervertidos. Ellos también forman parte de nuestra sociedad. No son un experimento de laboratorio. Existen desde los orígenes de nuestra sociedad, como todos. Y si existen desde antaño, si conviven en el mismo mundo que los heterosexuales, entonces también forman parte del estado natural de cosas existentes. Entonces también son normales.
Hace unos días escuché a Pepe Cibrián por televisión. Él es homosexual y está en pareja hace años. Él y su pareja quieren adoptar a un chico (no a un bebé recién nacido sino a un niño de cuatro, cinco años o lo que fuere). ¿Alguien duda que el chico que sea retirado de un orfanato y llevado a ese hogar va a poder experimentar lo que es la felicidad por primera vez en su vida? ¿Alguien duda que eso sería lo mejor que le pudiera pasar a un niño? ¿Alguien duda que a ese chico le estarían devolviendo la infancia (y la vida) que atrozmente le arrebataron? Si no se duda que Pepe Cibrián y su pareja puedan constituir una familia, ¿por qué existen tantos prejuicios con los homosexuales que no dan la cara en la televisión? ¿el hecho de no ser públicos los convierte instantáneamente en pervertidos? Pensemos, de nuevo, que los gays son personas iguales al resto, que quieren llevar una vida como la de cualquier heterosexual, que quieren llevar una rutina como la de cualquier heterosexual y que quieren constituir una familia como cualquier heterosexual. Guido Suller y Ricardo Fort no son el prototipo de los homosexuales (son un par de desequilibrados mentales como tantos heterosexuales que andan convirtiendo (y pervirtiendo) la tele en basura desde hace un tiempo. seguimos sin diferencias).
La clave está, desde mi parecer, en poner el acento en los profesionales encargados de determinar si una persona (sea de la orientación sexual que sea) está en condiciones de adoptar. Porque que se apruebe la ley de matrimonio y adopción homosexual no significa que todos los gays van a poder adoptar. Como no todos los heterosexuales están en condiciones de hacerlo. Significa que van a tener el derecho de hacerlo, si quieren primero, y si reúnen los requisitos después. Pensemos en que hay muchos Pepe Cibrián dispuestos a dar una familia (amor) a niños desamparados (¿en serio pensás que esto es un error?).
Para terminar, cuento que la adopción por homosexuales está permitida en: Andorra, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Guam, Islandia, Israel, Noruega, los Países Bajos, el Reino Unido, Suecia, Sudáfrica, Uruguay, Australia, Estados Unidos y, con algunas particularidades, en Francia, Alemania y Finlandia. Los estudios científicos que vienen haciéndose hace más de 25 años demuestran que no hay secuelas psicológicas en los niños criados por padres del mismo sexo ni se condiciona la orientación sexual de la criatura. Según palabras de Judith Stancey, de la Universidad de Nueva York: "En escasas ocasiones existe un consenso tan amplio en cualquier área de las ciencias sociales como en el caso de las familias con progenitores gays, por lo que la American Academy of Pediatrics y todas las grandes organizaciones profesionales con experiencia en el bienestar de los menores han emitido informes y resoluciones apoyando los derechos de gays y lesbianas como progenitores".
Abramos la mente. Nos pongamos en el lugar del otro, no sólo del gay que quiere ser padre y constituir una familia sino también en el lugar del niño al que se le está privando de la posibilidad de tener una oportunidad en esta vida y ser feliz. Pensemos que lo normal es lo que sucede, y los gays suceden y sienten como cualquier persona que habita este mundo. Ni correcto ni incorrecto, simplemente son y están.
Esta posición la adopté no hace mucho. Antes pensaba que el matrimonio gay era aceptable (raro, pero aceptable, ya que entre los heterosexuales -y los racionales- tiende a desaparecer), pero mi ignorancia me ubicaba en contra de la adopción. Pensaba que los niños criados por padres de un mismo sexo crecerían con múltiples traumas y complejos imposibles de borrar y sobrellevar. Pensaba que estaban condenados a la homosexualidad. Pensaba que iban a ser víctimas eternas de una vida anormal y contra-natura. Pensaba, cosa del pasado.
No sé en qué momento cambié de parecer. Creo que fue cuando escuché el testimonio de personas homosexuales que tocaron mi corazón y mi cordura. ¿Por qué negarle a una persona gay el derecho de ser padre? Muchos dicen "él/ella eligió ser gay, renunciando en ese momento a tener un hijo". ¿Es realmente así? ¿Uno elige ser gay? No he conversado con ninguna persona homosexual de este tema, pero he escuchado reiteradamente que de elección no hay nada, que los homosexuales nacen sintiendo esa inclinación distinta a la que propone la naturaleza. Si esto es así, ¿es lógico privar a esa persona del derecho de ser padre? ¿es humano condenar al homosexual (que siente, no elige) privándolo de ejercer los mismos derecho que un heterosexual cual si estuviera cometiendo el peor de los delitos? ¿tan difícil es aceptar que el homosexual es un ser humano igual a todos?
Amor. Eso es todo lo que para mi se necesita a la hora de adoptar (lo que principalmente se necesita, afrontemos que el dinero también es importante). Amor para hacerse cargo de un chico, para educarlo, criarlo, para formar una familia. ¿Cuántos niños son maltratados (en las distintas formas de violencia: física, verbal, psicológica) por sus padres biológicos sin llegar a conocer nunca lo que es el amor, la familia? ¿Eso es normal? ¿Esos padres heterosexuales son padres?
Dejemos de utilizar el término normal-anormal como sinónimos de bien-mal, correcto-incorrecto. Dejemos de tratar a los homosexuales como bichos raros y pervertidos. Ellos también forman parte de nuestra sociedad. No son un experimento de laboratorio. Existen desde los orígenes de nuestra sociedad, como todos. Y si existen desde antaño, si conviven en el mismo mundo que los heterosexuales, entonces también forman parte del estado natural de cosas existentes. Entonces también son normales.
Hace unos días escuché a Pepe Cibrián por televisión. Él es homosexual y está en pareja hace años. Él y su pareja quieren adoptar a un chico (no a un bebé recién nacido sino a un niño de cuatro, cinco años o lo que fuere). ¿Alguien duda que el chico que sea retirado de un orfanato y llevado a ese hogar va a poder experimentar lo que es la felicidad por primera vez en su vida? ¿Alguien duda que eso sería lo mejor que le pudiera pasar a un niño? ¿Alguien duda que a ese chico le estarían devolviendo la infancia (y la vida) que atrozmente le arrebataron? Si no se duda que Pepe Cibrián y su pareja puedan constituir una familia, ¿por qué existen tantos prejuicios con los homosexuales que no dan la cara en la televisión? ¿el hecho de no ser públicos los convierte instantáneamente en pervertidos? Pensemos, de nuevo, que los gays son personas iguales al resto, que quieren llevar una vida como la de cualquier heterosexual, que quieren llevar una rutina como la de cualquier heterosexual y que quieren constituir una familia como cualquier heterosexual. Guido Suller y Ricardo Fort no son el prototipo de los homosexuales (son un par de desequilibrados mentales como tantos heterosexuales que andan convirtiendo (y pervirtiendo) la tele en basura desde hace un tiempo. seguimos sin diferencias).
La clave está, desde mi parecer, en poner el acento en los profesionales encargados de determinar si una persona (sea de la orientación sexual que sea) está en condiciones de adoptar. Porque que se apruebe la ley de matrimonio y adopción homosexual no significa que todos los gays van a poder adoptar. Como no todos los heterosexuales están en condiciones de hacerlo. Significa que van a tener el derecho de hacerlo, si quieren primero, y si reúnen los requisitos después. Pensemos en que hay muchos Pepe Cibrián dispuestos a dar una familia (amor) a niños desamparados (¿en serio pensás que esto es un error?).
Para terminar, cuento que la adopción por homosexuales está permitida en: Andorra, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Guam, Islandia, Israel, Noruega, los Países Bajos, el Reino Unido, Suecia, Sudáfrica, Uruguay, Australia, Estados Unidos y, con algunas particularidades, en Francia, Alemania y Finlandia. Los estudios científicos que vienen haciéndose hace más de 25 años demuestran que no hay secuelas psicológicas en los niños criados por padres del mismo sexo ni se condiciona la orientación sexual de la criatura. Según palabras de Judith Stancey, de la Universidad de Nueva York: "En escasas ocasiones existe un consenso tan amplio en cualquier área de las ciencias sociales como en el caso de las familias con progenitores gays, por lo que la American Academy of Pediatrics y todas las grandes organizaciones profesionales con experiencia en el bienestar de los menores han emitido informes y resoluciones apoyando los derechos de gays y lesbianas como progenitores".
Abramos la mente. Nos pongamos en el lugar del otro, no sólo del gay que quiere ser padre y constituir una familia sino también en el lugar del niño al que se le está privando de la posibilidad de tener una oportunidad en esta vida y ser feliz. Pensemos que lo normal es lo que sucede, y los gays suceden y sienten como cualquier persona que habita este mundo. Ni correcto ni incorrecto, simplemente son y están.
lunes, 17 de mayo de 2010
Espera - 'n - do
Cansada de esperar esta espera inesperable. (¿En qué momento, me pregunto, se tornó inesperable?).
Agotada y sin risas voy, me muevo, ¿avanzo? a veces creo que sí, muchas que no.
Esperanzada me encontraba aquél día cuando mis oídos escucharon tus palabras, cuando mi corazón galopaba a mil, cuando sólo mi ansiedad corría por mis venas.
De repente ese amigo gris que se ríe nuevamente en la cara y apaga la luz y la sonrisa y calma ese cruel galope.
Palabras esquivas. Miradas perdidas. Caricias desencontradas. El mismo futuro (intolerable).
Viejos recuerdos golpean mi memoria y ya no sé qué pensar. ¿Hasta cuándo así?
Siento un laberinto en mi interior y aunque veo luz, la salida está cada vez más lejos, cada vez más escondida. Siento miedo. Siento bronca. Siento resignación. Siento muchas ganas.
Cansada estoy, también, de soñar despierta, de dormir soñando, de ver caer los sueños rotos, de ver que otros los pisotean.
Una y mil veces me pregunto ¿por qué? Y la falta de respuesta me atosiga.
Desvarío pensando en re-tenerte, despierto sabiéndote perdido.
A un costado de la ruta estoy, esperando (en do), que las respuestas aparezcan, que las puertas se abran, que la luz se mantenga encendida, que el ruido del galope intermitente llegue a causarme escalofríos, conforme lo quiera el destino.
Agotada y sin risas voy, me muevo, ¿avanzo? a veces creo que sí, muchas que no.
Esperanzada me encontraba aquél día cuando mis oídos escucharon tus palabras, cuando mi corazón galopaba a mil, cuando sólo mi ansiedad corría por mis venas.
De repente ese amigo gris que se ríe nuevamente en la cara y apaga la luz y la sonrisa y calma ese cruel galope.
Palabras esquivas. Miradas perdidas. Caricias desencontradas. El mismo futuro (intolerable).
Viejos recuerdos golpean mi memoria y ya no sé qué pensar. ¿Hasta cuándo así?
Siento un laberinto en mi interior y aunque veo luz, la salida está cada vez más lejos, cada vez más escondida. Siento miedo. Siento bronca. Siento resignación. Siento muchas ganas.
Cansada estoy, también, de soñar despierta, de dormir soñando, de ver caer los sueños rotos, de ver que otros los pisotean.
Una y mil veces me pregunto ¿por qué? Y la falta de respuesta me atosiga.
Desvarío pensando en re-tenerte, despierto sabiéndote perdido.
A un costado de la ruta estoy, esperando (en do), que las respuestas aparezcan, que las puertas se abran, que la luz se mantenga encendida, que el ruido del galope intermitente llegue a causarme escalofríos, conforme lo quiera el destino.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Bicentenario sin emoción
Se acerca el 25 de mayo. Se alejan la emoción y el entusiasmo. Se acerca el bicentenario. Se aleja el ánimo festivo. Se acercan 200 años de Patria. Se aleja el sentimiento patriótico y el orgullo albiceleste, en cambio, se acerca la vergüenza nacional. Cada día estamos más cerca del pañuelo que absorbe nuestras lágrimas -y nuestro grito de bronca- y más lejos de la escarapela.
Se suponía que el 25 de mayo de 2010 no iba a ser una fecha más en la vida de los argentinos. No. Se suponía que sería un día -una semana, un mes, un año- de festejos, de recuerdos traídos de la infancia -y de las revistas Billiken y Anteojito- a fin de emocionar el corazón hasta del más insensible. Pero resulta que el corazón de todos está más sensible que nunca en la historia de nuestro país, tanto, que se aproxima más a un iceberg del Atlántico Sur que a una calurosa fiesta patria. Para dentro de cien años quedarán los festejos que la ocasión amerita -rebosante de empanadas criollas, sopaipillas calientes, pastelitos fritos y un buen locro humeante hasta con tripas de cerdo (?)- porque este bicentenario está muy lejos del ánimo que requiere una celebración. ¿Acaso no somos varios los que hasta dudamos de la geniunidad de esta fiesta? ¿Qué negocio sucio están tratando de ocultar? Tantas barrabasadas en el prontuario aniquilan la ingenuidad de cualquiera.
A lo lejos se escucha la llegada del 25 de mayo, pero sin bombos ni platillos. Es una llegada silenciosa, oscura, casi temerosa. Es una llegada que confundió la fecha de arribo para entrometerse en uno de los peores momentos de la historia de nuestro país, de nuestra Patria. [Me pregunto qué pensarán Belgrano, San Martín, Sarmiento de nuestro país y se actuarían distinto conociendo el futuro]. Es la época de la mentira, de la corrupción, de las leyes de Maquiavelo, de la soberbia, de la avaricia, del resentimiento y de la locura. Palabras que exceden los ánimos de cualquier festejo. Palabras que no quiero que formen parte de mi Patria.
¿En qué nos hemos convertido? -¿pasado?- o ¿en qué nos estamos convirtiendo? Somos marionetas del gobierno de turno que actuamos mecánicamente conforme la situación que nos rodea sin comprender que somos nosotros los que debemos crear y construir el escenario en el que queramos actuar. Nos dicen que festejemos y ya estamos preparados para salir a la calle vestidos de señores con galeras altas, bigotes postizos y relojes de bolsillo o mazamorreras. Pero ¿hay motivos para festejar? ¿es posible olvidarse aunque sea ese día -el 25- de las mentiras del Gobierno, del Indec, de los grupos piqueteros, de los sindicalistas, y de todos aquellos que impunemente están destruyendo el país? A mi ni siquiera me nace usar la escarapela -menos aún pintarme la cara de negro con un corcho quemado-. ¿Es posible que hasta el festejo por los doscientos años de historia, que debería ser de todos, haya sido acaparado por ellos -los oficialistas-? ¿Es posible politizar incluso el sentimiento que compartimos todos de ser argentinos? Para este Gobierno que no conoce de límites ni fronteras todo es posible.
En mi caso este 25 de mayo pasará como un día más. Sin festejos -no hay motivos- ni sopaipillas ni locro ni galeras, rogando, por y para la Patria, que este Gobierno se aleje cuanto antes del poder. Ese, y sólo ese, es mi pensamiento patriótico del bicentenario.
Se suponía que el 25 de mayo de 2010 no iba a ser una fecha más en la vida de los argentinos. No. Se suponía que sería un día -una semana, un mes, un año- de festejos, de recuerdos traídos de la infancia -y de las revistas Billiken y Anteojito- a fin de emocionar el corazón hasta del más insensible. Pero resulta que el corazón de todos está más sensible que nunca en la historia de nuestro país, tanto, que se aproxima más a un iceberg del Atlántico Sur que a una calurosa fiesta patria. Para dentro de cien años quedarán los festejos que la ocasión amerita -rebosante de empanadas criollas, sopaipillas calientes, pastelitos fritos y un buen locro humeante hasta con tripas de cerdo (?)- porque este bicentenario está muy lejos del ánimo que requiere una celebración. ¿Acaso no somos varios los que hasta dudamos de la geniunidad de esta fiesta? ¿Qué negocio sucio están tratando de ocultar? Tantas barrabasadas en el prontuario aniquilan la ingenuidad de cualquiera.
A lo lejos se escucha la llegada del 25 de mayo, pero sin bombos ni platillos. Es una llegada silenciosa, oscura, casi temerosa. Es una llegada que confundió la fecha de arribo para entrometerse en uno de los peores momentos de la historia de nuestro país, de nuestra Patria. [Me pregunto qué pensarán Belgrano, San Martín, Sarmiento de nuestro país y se actuarían distinto conociendo el futuro]. Es la época de la mentira, de la corrupción, de las leyes de Maquiavelo, de la soberbia, de la avaricia, del resentimiento y de la locura. Palabras que exceden los ánimos de cualquier festejo. Palabras que no quiero que formen parte de mi Patria.
¿En qué nos hemos convertido? -¿pasado?- o ¿en qué nos estamos convirtiendo? Somos marionetas del gobierno de turno que actuamos mecánicamente conforme la situación que nos rodea sin comprender que somos nosotros los que debemos crear y construir el escenario en el que queramos actuar. Nos dicen que festejemos y ya estamos preparados para salir a la calle vestidos de señores con galeras altas, bigotes postizos y relojes de bolsillo o mazamorreras. Pero ¿hay motivos para festejar? ¿es posible olvidarse aunque sea ese día -el 25- de las mentiras del Gobierno, del Indec, de los grupos piqueteros, de los sindicalistas, y de todos aquellos que impunemente están destruyendo el país? A mi ni siquiera me nace usar la escarapela -menos aún pintarme la cara de negro con un corcho quemado-. ¿Es posible que hasta el festejo por los doscientos años de historia, que debería ser de todos, haya sido acaparado por ellos -los oficialistas-? ¿Es posible politizar incluso el sentimiento que compartimos todos de ser argentinos? Para este Gobierno que no conoce de límites ni fronteras todo es posible.
En mi caso este 25 de mayo pasará como un día más. Sin festejos -no hay motivos- ni sopaipillas ni locro ni galeras, rogando, por y para la Patria, que este Gobierno se aleje cuanto antes del poder. Ese, y sólo ese, es mi pensamiento patriótico del bicentenario.
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