Proveniente del francés pero también utilizado por los hablantes en inglés "triage" (y su traducción como "triaje" en español), no es solamente el nombre de la nueva peli de Colin Farrell sino también el término que hace referencia a un método de la medicina de emergencias y desastres para la selección y clasificación de los pacientes basándose en las prioridades de atención privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo a las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles.
Este vocablo era totalmente ajeno a mi conocimiento hasta que vi la película. Película que me gustó. No es brillante o algo de otro mundo, pero cuenta, de manera interesante y con imágenes muy crudas, cómo es la vida de aquellos que viven una guerra aunque sean ajenos a ella. En fin, cuando terminó la peli no pude evitar ponerme en el lugar de aquellos que atraviesan un momento semejante. De los que se van, en las situaciones más desoladoras y, sobre todo, de los que se quedan, esperando inútilmente, en la cruenta realidad. ¿Cuántas historias habrán quedado -y seguirán quedando- inconclusas por no haber apretado el gatillo un segundo antes que el enemigo -quizás sin siquiera saber por qué son enemigos-? ¿Cuántos sueños se desvanecieron antes de hacerse realidad? ¿Cuántas sonrisas fueron eclipsadas por detonaciones sorpresivas? ¿Cuántas lágrimas derramadas sobre recuerdos -impedidas de volcarse sobre cuerpos-? ¿Cuánto odio y dolor generados detrás de un mostrador siempre persiguiendo ventajas económicas? ¿Cuántas vidas partidas por la mitad?
Volviendo al vocablo que nos convoca, éste alude a priorizar el compromiso vital y las posibles complicaciones, tratando de evitar la atención del paciente que empeoraría su pronóstico por la demora en su atención. Así, en situaciones de demanda masiva -como es el caso de una guerra- se privilegia a la víctima con mayores posibilidades de supervivencia. ¿Qué hacen con aquellas que viven porque respiran pero sin esperanza de recuperación? Se las provee de la medicina más económica: un balazo en el corazón. ¿Se puede juzgar a las personas encargadas de esta vil tarea que simplemente alivian el dolor eterno e insoportable de aquella causa perdida? A mi juicio, no. Ya tuvieron demasiadas despedidas y vieron demasiadas miradas por última vez como para encima apuntarles -esta vez- con el dedo. Ellos tampoco pueden dormir de noche ni soñar de día. El triage es un sistema duro, pero insoportablemente necesario.
La guerra es un invento cruel, jugado por inocentes valientes y planeado por ignorantes cobardes.
Este vocablo era totalmente ajeno a mi conocimiento hasta que vi la película. Película que me gustó. No es brillante o algo de otro mundo, pero cuenta, de manera interesante y con imágenes muy crudas, cómo es la vida de aquellos que viven una guerra aunque sean ajenos a ella. En fin, cuando terminó la peli no pude evitar ponerme en el lugar de aquellos que atraviesan un momento semejante. De los que se van, en las situaciones más desoladoras y, sobre todo, de los que se quedan, esperando inútilmente, en la cruenta realidad. ¿Cuántas historias habrán quedado -y seguirán quedando- inconclusas por no haber apretado el gatillo un segundo antes que el enemigo -quizás sin siquiera saber por qué son enemigos-? ¿Cuántos sueños se desvanecieron antes de hacerse realidad? ¿Cuántas sonrisas fueron eclipsadas por detonaciones sorpresivas? ¿Cuántas lágrimas derramadas sobre recuerdos -impedidas de volcarse sobre cuerpos-? ¿Cuánto odio y dolor generados detrás de un mostrador siempre persiguiendo ventajas económicas? ¿Cuántas vidas partidas por la mitad?
Volviendo al vocablo que nos convoca, éste alude a priorizar el compromiso vital y las posibles complicaciones, tratando de evitar la atención del paciente que empeoraría su pronóstico por la demora en su atención. Así, en situaciones de demanda masiva -como es el caso de una guerra- se privilegia a la víctima con mayores posibilidades de supervivencia. ¿Qué hacen con aquellas que viven porque respiran pero sin esperanza de recuperación? Se las provee de la medicina más económica: un balazo en el corazón. ¿Se puede juzgar a las personas encargadas de esta vil tarea que simplemente alivian el dolor eterno e insoportable de aquella causa perdida? A mi juicio, no. Ya tuvieron demasiadas despedidas y vieron demasiadas miradas por última vez como para encima apuntarles -esta vez- con el dedo. Ellos tampoco pueden dormir de noche ni soñar de día. El triage es un sistema duro, pero insoportablemente necesario.
La guerra es un invento cruel, jugado por inocentes valientes y planeado por ignorantes cobardes.
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